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Su voz delicada cantando “Garota de Ipanema” cautiva al mundo casi 60 años después de su grabación, pero Joao Gilberto, el padre más perfeccionista de la bossa nova, agoniza lejos de la placidez de su música.

Arruinado, enfermo y solo en una casa prestada en Río de Janeiro, la tristeza que envuelve a este artista de 86 años parece no tener fin.

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Desde hace años, Gilberto está en el centro de una truculenta pelea que enfrenta a sus hijos mayores, los músicos Joao Marcelo y Bebel Gilberto, con su última exesposa Claudia Faissol, una periodista cuarenta años más joven que él y madre de su hija adolescente.

Bebel y Joao Marcelo acusan a Faissol de haberse aprovechado del legendario músico bahiano, pero la trama no solo va de dinero.

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“En su obsesión por el control, Joao Gilberto tenía la ambición de parar el mundo para ejercer su arte. Delante del micrófono, lo consiguió. Fuera del escenario, fue lo contrario: nunca tuvo control sobre su vida. Se acostumbró a delegarla en otros (...) pero la vida escribe sus propios versos y, a veces, desafina”, escribió Ruy Castro, autor del libro sobre la bossa nova “Chega de Saudade”, en el diario Folha de S. Paulo.