Jorge Eduardo Arellano
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A pesar de haber residido en Costa Rica los últimos 24 años, los lienzos de Mario Madrigal-Arcia están cargados de influencias de su Nicaragua nativa: sus paisajes mágicos y su sensualidad tropical.

Habiendo nacido y crecido en Managua, el paisaje volcánico de la capital nicaragüense es uno de los sujetos más obvios en muchas de las piezas del artista. La mayor parte de su trabajo retrata en sus fondos un cono casi perfecto, evocando al poderoso volcán Momotombo.

El estilo maduro de Madrigal-Arcia también se encuentra marcado por sus singulares retratos texturados de algunas frutas tropicales abundantes en su tierra natal, los cuales representan la sensualidad tropical de Nicaragua.Su formación en las técnicas de aguafuertista y xilografía también ha ayudado a definir el estilo de Madrigal-Arcia. “Fue mientras trabajaba sobre una serie llamada metalfisica, frutas y semillas de cobre, que logre formar mi estilo definitivo” en 1984, comenta Madrigal-Arcia.

Un estilo que se caracteriza por un “acabado metálico”, que normalmente se llamaría “naturaleza muerta”, se fusionó con los elementos claros del estilo post-surrealista metafísico.

Otra característica notable de las pinturas de Madrigal-Arcia es su uso creativo del color. Sus lienzos representan de manera armoniosa intensos tonos de colores cálidos y fríos, tanto en el primer plano como en el fondo, con un tratamiento multitonal y de aspecto oxidado del objeto o tema.

Madrigal-Arcia constantemente trabaja en el estudio de su hogar. “Encuentro que la mejor cura para un bloqueo creativo es nunca dejar de trabajar”, dice el artista.