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Joseíto Mateo, el rey del merengue, falleció ayer a los 98 años tras una larga y fructífera carrera, que atribuía a una vida sana y “sin vicios”.

Víctima de una leucemia, José Mateo Tamárez, su nombre de pila, recorrió con su carismática figura escenarios en Estados Unidos, Cuba, Puerto Rico, Centroamérica y otras latitudes.

Fue tal su vigor y dedicación por la música que hace pocos meses grabó en versión salsa el tema “Candilejas”, que hiciera famoso Julio Iglesias, revelando que la dedicaba a su novia.

Mateo nació en la capital dominicana un 6 de abril de 1920 y ya a los 15 años dada sus primeros pasos en la música como cantante en la desaparecida Orquesta San José, una de las ‘big band’ de la época de la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo.

Aunque empezó interpretando boleros, muy pronto abrazó el merengue que le acompañaría durante toda su vida. Sus dotes como cantante también le permitían interpretar otros géneros como la guaracha y el son, muy populares en Cuba, donde recaló en 1955.

En La Habana fue uno de los cantantes de la emblemática orquesta La Sonora Matancera, donde compartió roles con la ‘reina de la salsa’, Celia Cruz.

Mateo contaba, sin embargo, que debió abandonar esa agrupación por presiones ejercidas por el exilio dominicano en Cuba, que consideraba al cantante cercano a la dictadura.

Ese percance no le impidió difundiendo su arte y para 1962 se convierte en el primer cantante de la recién creada agrupación El Gran Combo de Puerto Rico, participando de su primer álbum: “Menéame los mangos”.

Su paso por la luego afamada agrupación fue efímero y regresa a República Dominicana, donde desde hace años eran populares merengues en su voz como “El negrito del batey”, “Caña brava”, “Cuando yo me muera”, “Feliciana”, “Juana Mecho” y “La chiva blanca”.

Joseíto Mateo no solo cantaba, cuando subía a los escenarios hacía de sus dotes de bailador infatigable, que le granjeaba grandes simpatías y acrecentaba su fama de ‘rey del merengue’, un ritmo cadencioso y contagioso.