•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

“El escultor”, así le llaman a Helmuth Bustos en su comunidad en el barrio Camilo Ortega, un joven de 37 años que dedicó una escultura hecha con plastilina como un homenaje póstumo a Álvaro Conrado, el niño de 15 años que por apoyar las protestas de abril, una bala le alcanzó arrancándole la vida.

Días después del fallecimiento de Conrado, a Helmuth le tocó vivir en carne propia el deceso de su sobrino, un niño a quien la leucemia le apagó la luz de sus ojos a  los 15 años —misma edad de Álvaro—, un suceso que lo motivó aún más a realizar dicha escultura.

“Cuando matan a este niño y muere mi sobrino fueron dos cosas que me golpearon totalmente, no puedo tolerar que maten a personas que tienen una vida por delante, fue tan puro ese niño (Álvaro) que aún en el momento de morir él no habló mal de sus agresores, él solo dijo: ‘me duele respirar’”, expresó el artista, también asegura que “eso lo golpeó, eran criaturitas tan llenas de vida”, lamentó.

Helmut ocupó 70 libras de plastilina para elaborar el busto de Álvaro Conrado y tardó dos días y medio en realizarlo. La imagen que fue publicada a través de su cuenta personal de Facebook, en pocas horas ya era viral en diferentes redes sociales. Este alcance llegó a manos de posibles compradores; sin embargo, Helmuth asegura que su objetivo no es venderla.

“Me han dicho que les venda el busto, pero no lo hice para eso, no le quiero faltar el respeto al niño. Es un homenaje y nunca me imaginé que iba a dar la vuelta al mundo. Comencé a hacer esto sin afán de lucro, nunca me imaginé que a las personas les gustara tanto y que me mandaran tantos mensajes de apoyo”, agradeció.

Del pan a la escultura

Su mamá es una señora risueña y sencilla de quien Helmuth dice haber aprendido el arte de la panadería y quien posteriormente lo inspiró en la escultura.

“Mi mamá ha sido la alcahueta”, comenta sonriente al referirse a que ella siempre lo dejaba jugar con la masa del pan para hacer muñequitos , después ella también le compraba las plastilinas para que él hiciera sus “travesuras”. 

“Cuando mi mamá hacía pan, yo agarraba la masa y me ponía a hacer al papá, la mamá, a los hijos y hermanos. Tenía como 5 años”, rememora Bustos.

Durante su infancia careció de juguetes, no jugó con carritos—como la mayoría de niños— por lo cual, con la plastilina hacía a sus superhéroes favoritos como Hulk, las Tortugas Ninjas y Superman para luego juntarse con sus vecinos y armar toda una batalla con los personajes creados por sus propias manos. 

Cuando Helmuth crece, empieza a trabajar en diferentes oficios como la panadería, carpintería y construcción, a vivir de los proyectos artísticos que no muy frecuentemente llegan a su puerta y a laborar “de lo que salga”. “Tengo que jugármela porque de esto (la escultura) no se puede vivir en Nicaragua. Me gustaría, pero acá es muy complejo”, dijo apesarado.

Su popularidad en el barrio y su vocación con las artes plásticas lo llevan a ingresar a la Escuela de Bellas Artes, donde no logra terminar la carrera por falta de recursos económicos, aunque ahí conoce a su instructor, el maestro Sócrates Martínez, con quien logra colaborar en diversos proyectos que llevan su pequeña fama del barrio a un nivel más profesional.
En diversos departamentos del país, así como en la capital, hay obras hechas por Bustos. Su primer trabajo independiente fue la realización de las esculturas de la “Segunda Cuidad Belén”, inaugurada en el parque Luis Alfonso Velásquez Flores. Asimismo, fue el encargado del proyecto de la réplica de la Hacienda San Jacinto en el Paseo Xolotlán, de Managua.

También colaboró en la realización de la escultura de la Virgen de Guadalupe, ubicada en el cerro Apante, en el departamento de Matagalpa y  en el monumento de la colonia Nicarao, en Managua.

En 2013, Helmuth creó “Rinascita”, su proyecto de emprendimiento conformado por Ninfa Pérez, Rafael Guevara, Luis Rivas y Daniel Pérez, a quienes él se refiere como “mis pilares principales”.

Humildad y talento son dos palabras que describen a este joven escultor, quien sueña algún día ser maestro para compartir sus conocimientos con los niños. 

“Me gusta enseñar y me veo así”, dice “El escultor” del Camilo Ortega, quien confesó que le fascina hacer obras de superhéroes, Sandino y Rubén Darío y que próximamente hará a Abraham Castro, otro de los niños mártires.