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Bisabuelo y padre de un niño de menos de 2 años al mismo tiempo, el cantante británico parece haber pasado página del suicidio en 2014 de L’Wren Scott, su pareja durante 13 años, uno de los episodios más oscuros de su vida.

A pesar de las profundas arrugas que surcan su rostro, ha logrado mantener la imagen de juventud perpetua que exhibe sobre los escenarios desde hace más de medio siglo, siempre vestido con pantalones ajustados y americana entallada.

Jagger sigue contoneándose al inicio de sus conciertos al ritmo de “Sympathy for the devil”, un tema que grabó en el verano de 1968, y rodeado de pantallas gigantes en las que arde un fuego luciferino.

“Permítanme que me presente, soy un hombre acaudalado y de gustos refinados”, recita al inicio de sus actuaciones, en las que llega a recorrer más de diez de kilómetros entre saltos y carreras por el escenario.

El líder de los Stones, al que los tabloides británicos apodan “Caderas de serpiente”, no rehusó los excesos propios de las estrellas de la música en las primeras décadas de su carrera, pero cambió de rumbo antes de que terminaran los años 90, preocupado tanto por su salud como por su imagen.

Un pacto con el diablo

El deporte y una dieta disciplinada, junto con sus genes y antecedentes familiares, han jugado a su favor para mantener la misma figura flaca del adolescente que actuaba gratis en los bares  de Londres a principios de los 60.

Uno de sus principales ejemplos vitales fue su padre, un profesor de educación física que vivió hasta los 93 años y diseñó algunos de los programas de entrenamiento que ha seguido.

La ética de trabajo puritana que le inculcó su progenitor ha cimentado también, de forma paradójica, la extensa carrera musical de Jagger, que ha compuesto sin descanso innumerables temas dedicados a la rebeldía y los excesos, desde que en 1950 coincidió en la escuela primaria con Keith Richards, el futuro guitarrista de los Stones.

Si la constancia creativa le ha servido para ser reconocido como uno de los mejores rockeros de todos los tiempos, su cuidado estilo de vida le ha granjeado cierta admiración entre fisiólogos y profesionales de la salud.

Del cantante británico no solo sorprende su agilidad sobre el escenario y su capacidad para trotar durante horas ante estadios abarrotados, sino también su postura recta y erguida, poco frecuente en un hombre de 75 años, una edad en la que el esqueleto tiende a encorvarse.

Más allá de la atractiva leyenda que asegura que firmó un pacto con el diablo para mantenerse joven, los amplios recursos que dedica a su salud son probablemente el secreto que le mantiene en forma.

Además de su dedicación al gimnasio, Jagger continúa pasando por el estudio de grabación de manera regular. 

El año pasado publicó un doble sencillo en solitario, inspirado en la actualidad política y la Inglaterra del “brexit”, una evolución respecto a los temas más juveniles del repertorio de los Stones.

“El mundo está cabeza abajo. Por todos lados lunáticos y payasos. Nadie dice la verdad”, canta Jagger en la cara A del disco, mientras que, en la cara B, recita: “Fui a ver a Inglaterra pero Inglaterra perdió, y todo el mundo dijo que fuimos estafados”.

La música y el estilo de vida son solo dos de los tres pilares que definen la vida de Jagger. El tercero son sus complicadas relaciones familiares y de pareja.

En diciembre de 2016, el músico asistió en un hospital de Nueva York al nacimiento de su octavo hijo, al que llamó Deveraux Octavian y que tiene 45 años menos que su hermana mayor, Karis.

La madre del pequeño Dev, la bailarina de ballet estadounidense Melanie Hamrick, tenía 29 años cuando dio a luz al que era su primer vástago.

Su vida sentimental

La amplia progenie de Jagger llevó a su compañero de banda Keith Richards a decir que su veterano colega debería comenzar a pensar en hacerse una vasectomía para no tener más hijos. “No se puede ser padre a esa edad. ¡Pobres niños!”, proclamó Richards, que se disculpó poco después.

Esas excusas cerraron el episodio sin que aparentemente afectara a la ya de por sí turbulenta relación entre Jagger y Richards, cuya productiva cooperación ha sobrevivido a lo largo de los años a todo tipo de peleas y desaires.

Juntos han firmado clásicos del rock como “Start me up”, “Angie”, “Brown Sugar” y “(I can’t get no) Satisfaction”, un repertorio que siguen repasando, incansables, en las giras de los Stones.