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A los 55 años, Jodie Foster dedica más tiempo a producir y dirigir y a criar a sus dos hijos adolescentes que a buscar papeles para mantener vigente una carrera que ya se extiende a lo largo de casi seis décadas.

Por eso, la primera reacción que se tiene al verla encarnando a una vieja enfermera en “Hotel Artemis”, en su retorno al cine después de un lustro, es calcular mentalmente su edad. Y aunque hayan pasado 42 años desde su prostituta infantil en “Taxi driver”, al verla en persona queda claro que solo se ha tratado de un buen trabajo de maquillaje cinematográfico.

No muchas actrices se atreven a envejecer para la cámara como lo hace usted en Hotel Artemis...

A mí me encantó. Es un tema intrigante para todos los que tenemos más de 40 años. Quería poder transformarme para una película y hacer un personaje que fuera completamente diferente a quien soy en la vida real. A medida que pasan los años la actuación me entusiasma más, porque hay una riqueza y una crudeza muy especiales en un rostro que ha visto tragedia y comedia por igual. Esa faceta de “Hotel Artemis” me encantó, no me preo­cu­pa verme avejentada porque no soy particularmente presumida.

No construí mi carrera como actriz a partir de mi imagen. Nunca hice de ingenua o de novia, siempre fui primero actriz. Por lo tanto, para mí no fue un salto tan grande como podría ser para otras actrices.

¿Pero no siente la presión de verse bella y glamurosa?

En absoluto. No es mi personalidad y nunca lo fue. Me tomo mi trabajo muy seriamente, me encanta, pero no es quien soy yo. Y esa es una distinción que suele ser muy difícil para una actriz, porque mucho de lo que haces es juzgado a partir de tu aspecto físico. Para poder mantener tu salud mental, tienes que aceptarlo sicológicamente.

Es una tarea en la que he trabajado toda mi vida, no ajustarme a la concepción general de lo que es la belleza y concentrarme en ser una persona feliz y sana. Por otro lado, nunca me interesó mucho la moda ni la belleza, por lo que tengo que contratar a gente a la que sí le interesan para que me ayuden. Por eso siempre busqué personajes profundos y que estuvieran pasando por situaciones difíciles.

¿Piensa seguir dirigiendo?

Claro. Mi intención es encontrar un equilibrio entre las dos cosas. Nunca voy a abandonar la actuación. Hice mi primera película a los 27, o sea, hace mucho tiempo, y he hecho cuatro películas en total desde entonces. Durante décadas dediqué el 90 por ciento de mi tiempo a actuar y el 10 por ciento a dirigir.

Hace seis o siete años atrás decidí que quería invertir esa proporción, y eso he hecho. Me he concentrado en la dirección. Pero quiero seguir actuando y me entusiasma pensar en lo que voy a estar haciendo como actriz cuando tenga 80 años. Tal vez entonces ya no me pongan en el cartel, pero hay personajes muy interesantes que puedes hacer pasados los 70.

¿Por qué decidió regresar como actriz con “Hotel Artemis”?

Porque es una película muy original. Estoy harta de ver los mismos temas una y otra vez en el cine comercial y me pareció que había algo muy hermoso en la combinación de este universo nostálgico. Encontré el guion por casualidad y me puse en contacto antes de que empezara el casting.

Yo soy demasiado selectiva y me lleva años encontrar algo que me interese de verdad. Y cuando eso ocurre, me obsesiono y quiero que me den el papel.

¿Fue suya la idea de transformarse tan radicalmente?

Sí. Tuve que luchar un poco para que lo aceptaran. No quería que se sintiera que este era un personaje que ya había hecho antes. Me interesaba honrar la vida que ha tenido esta mujer, porque ha bebido mucho, ha consumido drogas, ha perdido un hijo y ha estado encerrada en esta extraña prisión durante los últimos 20 años, en los que nunca se ha atrevido a salir a la calle. ¿Quién sabe qué es lo que come? Por eso se tenían que ver en ella los golpes de la vida.