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Eran muchos los que se preguntaban si Meghan Markle continuaría siendo la duquesa rebelde en cuestiones de protocolo, tras pasar por el altar o si se vería sometida a una monarquización exprés.

Sus moños desechos y la tranquilidad con la que expresaba sus liberales ideas eran algunas de las claves de su comportamiento, que algunos consideraban inapropiado y que otros aplaudían, al asegurar que Meghan era el soplo de aire fresco que la monarquía necesitaba. 

Debates televisivos y centenares de artículos esperaban examinar cuál sería su primer look tras contraer matrimonio para dictaminar, en ese preciso momento, si Meghan iba o no a obedecer el código de vestimenta real. Ahora, cuando se cumplen sus primeros cien días como duquesa, diversos medios han analizado su relación con la rígida etiqueta británica.

Bajo la lupa

El sábado 9 de junio, la duquesa de Sussex apareció en el Palacio de Buckingham enfundada en un vestido nude de Carolina Herrera de escote barco a base de solapas. Al aplaudir el protocolo de que las mujeres se cubran los hombros, los medios se apresuraron en asegurar que Meghan Markle había sucumbido al poder de la realeza en tiempo récord.

Poco después, la esposa del príncipe Harry volvía a apostar por un moño desecho, demostrando que el protocolo no guiaba, con tanta rigidez como se pensaba, ni su armario ni su tocador. De hecho, en un evento volvía a olvidarse de cruzar las piernas como dictan las normas protocolarias, haciendo que muchos creyeran que la reina Isabel II terminaría odiando a la nueva mujer de su nieto. Sin embargo, cada día afloran nuevos testimonios y fotografías que demuestran que la relación entre ambas es impecable.

Cada look, un mensaje

Mientras que el armario de Kate Middleton se mide usando el barómetro de la elegancia y el dinero, las elecciones de estilo de Meghan suelen traer consigo cuestiones menos banales y se miden teniendo en cuenta si sus looks son más o menos informales. Su amor por los diseños de una de las firmas sostenibles por antonomasia, Stella McCartney -que firmó su segundo vestido de novia-, y su defensa de la moda vegana, hacen que cada uno de sus looks mande un mensaje poderoso que va más allá de la mera etiqueta.

Los británicos no quieren que su duquesa luzca looks demasiado glamurosos. De hecho, se rumora que Harry le pidió hace poco que tenía que dejar de vestirse como una estrella de Hollywood. Sus dos looks más aplaudidos como mujer casada han sido el compuesto por una camisa a rayas de Ralph Lauren con pantalones palazzo y un traje de Givenchy negro. Dos looks elegantes y, ante todo, discretos, que demuestran que la sobriedad de estilo es muy valorada por los ingleses.

En oposición al armario arcoíris de la reina Isabel II, Meghan suele apostar por tonalidades nude o colores oscuros, que demuestran que la discreción es, por el momento, su mejor aliada. ¿Conseguirá Meghan Markle alejarse del protocolo de estilo sin ofender a los británicos o terminará aferrándose a apuestas seguras en cuestiones de moda para ser aceptada? ¿Será la duquesa rebelde su mejor etiqueta o será su sello el de la duquesa que tiró la toalla?