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Parte I

El mundo y nosotros vamos de crisis económica en crisis económica. Hace pocos años, a finales del siglo XX, entre 1994-1995, Latinoamérica fue estremecida por una crisis económica que se denominó efecto Tequila, su pésimo manejo político y económico trajo consigo fuga de capitales, se aumentó la deuda externa y la economía de muchas naciones quedaron en serios problemas. Poco tiempo después, cuando apenas se empezaban a sentir aires de recuperación, La Federación Rusa (1998) suspendió sus pagos, eso trajo como consecuencia el desplome de los mercados emergentes, la crisis se extendió por Asia donde quebraron muchos bancos y economías. Iniciando el nuevo siglo aparecen nuevas amenazas, el terrorismo y fraudes especulativos. En 2000-2001, se colapsan las empresas de Internet y las torres gemelas son destruidas. Esta crisis se prolongó por año y medio.

La crisis económica del 2008 se conoce como una crisis económica global, originada en Estados Unidos. Entre los principales factores que causaron esta crisis estarían: los altos precios de las materias primas (que últimamente han bajado también de forma espectacular hasta 50 dólares el barril de petróleo que hace menos de un año estaba a 140 dólares), una crisis alimentaria mundial, la crisis inmobiliaria ocasionada por el desmoronamiento del sector hipotecario de Estados Unidos, ha puesto en jaque a las casas de bolsa, bolsa de valores, bancos, naciones, es decir al planeta entero.

Ante esta situación económica, lo primero que los bancos hacen es restringir el crédito, se darán menos préstamos a empresas y particulares. Sin esos créditos, las empresas se resienten y sufren parones en su actividad, lo que acaba por hacer es que la economía crezca menos y aumente la desocupación.

Para nosotros, la crisis económica sería sumamente dura, los bancos están restringiendo el crédito, se espera que el producto interno bruto tenga un leve crecimiento, las exportaciones están decreciendo debido a la contracción de la demanda de nuestro principal socio comercial, muchas empresas están despidiendo personal debido al estancamiento de sus ventas o al aumento de sus costos de producción, en el gobierno se han congelado las plazas de trabajo e incluso se habla de recorte de personal, por lo cual la desocupación va a aumentar significativamente, los salarios se encuentran estancados y está aumentando el precio de la canasta básica, las remesas familiares disminuirán, lo cual hace muy difícil para muchas familias tener el nivel de vida que antes tenían.

Tal vez pienses ¿Qué relación hay entre crisis económica y nuestra salud mental? Se ha observado una estrecha relación entre afecciones como estrés y depresión que surgen a partir de la incertidumbre de los mercados, ante la situación económica personal y de la sociedad en general.

La directora de la OMS (Organización Mundial de la Salud) ha declarado que “no nos debería sorprender ni deberíamos subestimar las consecuencias de la actual crisis financiera, la crisis aumentará los desórdenes mentales ya existentes” lo que es sumamente preocupante.

A lo largo del siglo XX, las grandes crisis económicas (Gran Depresión en EU de 1929; las guerras mundiales, las diferentes crisis económicas) nos han enseñado que se asociaron a repercusiones notables en la salud mental individual y colectiva, con aumento de enfermedades psicosomáticas, cardiovasculares, depresiones y suicidios.

Algo parecido se observó en la crisis del “Coralito” en Argentina y también se han comunicado efectos similares en Panamá, Chile, Guatemala y Nicaragua como consecuencia de las crisis Político-Económicas. Hay recientemente en Gran Bretaña (Crisis del Banco Northern Rock) y en los Estados Unidos con su crisis económica se está detectando algo similar.

En algunos países se han hecho encuestas, las cuales evidencian que los niveles socioeconómicos bajos y la pérdida de estatus socioeconómico se asocian a peores autoevaluaciones de salud y a altos índices de morbilidad psiquiátrica, así como un aumento en la demanda de servicios de salud.

Las razones son varias, hay factores objetivos: pérdida de recursos, restricción de medios y opciones, disminución de la calidad de vida, etc. Pero lo peor es la percepción de inseguridad, la anticipación ansiosa y pesimista del futuro, la rumiación (el pensar repetidas veces) de los problemas, poco a poco todo esto produce un cuadro de ansiedad que puede ir aumentando de intensidad, insomnio, al llegar la noche sigues pensando en los problemas y en su forma de cómo los puedes resolver; pero como no hay salida posible, reinicias de nuevo a pensar en el problema, a ver si le encuentras una solución mágica, y así te pasas toda la noche, la ansiedad y el insomnio acaban generando un cuadro depresivo y muchas manifestaciones psicosomáticas, llega un momento en que tu sólo, no puedes controlar semejante carga de estrés y tienes que recurrir donde alguien que te ayude, si tienes muchos problemas psicológicos y físicos, lo más aconsejable es recurrir al psiquiatra.

Causas del mal emocional

Se ha comprobado que el mayor factor de riesgo para la salud mental no es tanto la pérdida objetiva de recursos o apoyos, sino la percepción subjetiva de disminución de apoyos. La creencia subjetiva de que llegado el caso, no vas a disponer de apoyos externos para salir adelante, ya sean familiares, laborales o sociales, incluyendo los financieros. Así no es de extrañar que desarrolles una gran ansiedad y depresión.

A la situación personal que se vive, se le debe agregar la situación que van propiciando los medios de comunicación; los periódicos, la televisión en Internet a diario nos están hablando de crisis económica, de cuántos países han entrado en recesión, de los despidos masivos en todo el mundo y cuando miras a tu alrededor, también escuchas a la gente hablar de crisis económica, de cómo han aumentado de precio los productos alimenticios, los colegios, la ropa, que el gobierno se pelea con quienes pueden ayudar, que el gobierno no tiene un plan serio para enfrentar la crisis, que van a haber despidos masivos en el Estado y en la empresa privada. Todo esto nos provoca una gran incertidumbre, no sabemos cómo y en qué nos va a afectar individualmente la crisis.

Lo que está claro es que el individuo reacciona igual ante la idea de que una crisis es inminente como a la propia crisis en sí.

Los medios de comunicación provocan primero la idea de crisis, acto seguido la recibe el individuo de forma que empieza a ahorrar, a revisar sus cuentas y a vigilar minuciosamente lo que gasta.

Muchas veces nos asalta la idea de si seremos capaces de sobrellevar esta crisis, esta idea se convierte en el eje principal de nuestra existencia, provocándonos un estrés desmesurado debido al terror y el miedo inducido por la gran alarma social.

Si hacemos una valoración de ingresos y gastos de nuestra familia, una de las primeras cosas que tendemos a recortar son los gastos dirigidos al ocio, ya que consideramos que éstos son secundarios.

Pero desde el punto de vista del bienestar y calidad de vida del individuo, carecer de tiempo de ocio provoca en nosotros un gran malestar, que junto al estrés provocado por la incertidumbre de nuestro futuro económico, afecta directamente nuestra forma de vida y nuestro estado psicológico y emocional.


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Dr. Javier Martínez Dearreaza.

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