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Su madre ha muerto, su padre es asesinado por el diablo y los tutores temporales de Timm son crueles con él; sin embargo, el chico sonríe, siempre sonríe. Tiene a Ida y la inocencia de la infancia, la idea de que nada en su vida podría ser tan malo.

Hasta que hace una apuesta con un enigmático barón Olbaid, quien le pide su sonrisa a cambio de que gane toda apuesta que haga. Así Timm consigue un trabajo, deja a su tutora y se convierte en un pequeño inmensamente rico... pero el precio a pagar es perder a la gente que ama y no volver a sonreír.

La única manera en la cual ha de recuperar su sonrisa es si llega a perder una apuesta, y empieza a apostar sin medir las consecuencias de lo que hace, todo con el propósito de vencer a su compañero de apuestas.

“Timm Thaler: el niño que perdió su sonrisa” es una película que hace un retrato cínico y fácil de digerir del consumismo en la vida de las personas, esto con un toque de fantasía que no le quita la seriedad y ligereza a los temas propuestos. Vemos en el barón Olbeid, un sujeto vil y tramposo, la encarnación de las empresas que destruyen con el único fin de ganar; y Timm a un público que tiene que dejar de lado su bienestar por tener lo que considera necesario.

El amor también tiene una parte importante en la película. En el hotel donde consigue trabajo de botones, Timm se hace amigo de Kreschimir, un sujeto que está enamorado de la ama de llaves, Yvonne. En una de las apuestas de Timm, él está a punto de hacer que Yvonne se enamore de Kreschimir, pero el hombre pide deshacerlo. “El amor no debe ser así”, argumenta, en una conclusión a la que se debería llegar en otros aspectos de la vida: nada debe conseguirse de forma ilegal.

El dinero lo cambia todo, cambia  a las personas, y cuando Timm es ayudado por Kreschimir para recuperar su sonrisa, termina a cargo del barón Olbaid. En esta transición, el chico bucea en su lado malvado y sus deseos de hacer pagar a la gente que le ha hecho daño. Así como también se ve obligado a alejar de sí a sus amigos.

Con ayuda de los sirvientes del varón y Kreschimir e Ida, Timm recupera su sonrisa y desdeña la riqueza. Es un niño que ha vuelto a sonreír, y lo más importante: tiene esperanza. Un relato conmovedor sobre la amistad y la importancia de las cosas pequeñas que nos hacen ser grandes.