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A los 15 años, en 2011,  María Fernanda Vogel se reveló a Nicaragua como una joven promesa de la plástica nacional, cuando en Galería Códice presentó su exposición “Favela”. Los años no han pasado en vano y hoy regresa al país convertida en una artista madura y sobre todo enriquecida con técnicas y conocimientos adquiridos en Washington e Italia, donde estudió Fine Arts.

“En Italia participé en dos exposiciones que realmente fueron muy académicas, es decir, no era una línea que yo quisiera seguir trabajando cuando regresara a Nicaragua, era bastante técnico y de estudio, pero fue lo que me preparó como artista”, afirma.

Asimismo, señala que su sueño era regresar al país y al hacerlo le asaltó el dilema de qué haría con todo el conocimiento adquirido: “mi formación ha sido bastante amplia en técnicas renacentistas y los principales movimientos contemporáneos, pero me encontré con la duda de qué daría a mi país al volver, y en esa búsqueda fue cuando concebí y empecé a trabajar ‘La ciudad perdida’, mi más reciente colección”.

Haber iniciado su carrera siendo muy joven lo ve como una oportunidad  porque tiene más tiempo para llegar a los estándares que desea. Entre sus metas está dar el paso más grande que es poner el nombre de Nicaragua en alto, mostrando la calidad del talento que existe.

Según explica, ella buscaba hacer una colección que no solo le diera satisfacción personal como artista, sino que también pudiera despertar el interés de los nicaragüenses, por lo cual decidió crear “un mundo mágico, un lugar que no existe, pero que es como un mundo interior para cada persona que logre apreciar los cuadros”. 

El trabajo

Sobre “La ciudad perdida” adelantó que es una colección muy ordenada, en la que se aprecia una secuencia narrativa que atribuye a una herencia de los conocimientos adquiridos en Italia. 

“En la narrativa hay puertos, lagos, volcanes, ciudades, la catedral, inclusive pasa por un 19, un número que es muy importante para todos. Estoy terminando la colección y siento que estoy logrando mi objetivo de poderle regalar a mi gente la sensibilidad artística y también creo que logro elevar el estándar de la calidad artística nicaragüense y sueño algún día poder ser como los grandes maestros de este país”, apunta.

En Florencia estudió los últimos dos años de su carrera, y asegura que fue un reto a nivel profesional y académico, en el sentido de que tenía que llegar a estándares europeos en temas de técnicas para poder graduarse, sin embargo, eso lo considera uno de los pilares fundamentales para luego hacer arte latinoamericano.

Es difícil definir su estilo, aunque reconoce que retoma movimientos importantes como el surrealismo para crear un arte propio. 

“He crecido mucho como artista, estudiar arte como carrera no solo me ha dado conocimiento, sino también disciplina, seguridad de una artista porque creo en mi trabajo. Ahora más que nuncas sé lo que estoy haciendo, tengo muchas más herramientas para llevar mi arte a otro nivel”, afirma.

En cuanto a “La ciudad perdida”, dijo que la conforman más de 20 piezas, ya la está finalizando y la define como sólida y completa, por lo cual se declara lista para cerrarla. Además, confiesa que le gustaría que este trabajo se expusiera en Estados Unidos.

Haber iniciado su carrera siendo muy joven lo ve como una oportunidad  porque tiene más tiempo para llegar a los estándares que desea. Entre sus metas está dar el paso más grande que es poner el nombre de Nicaragua en alto, mostrando la calidad del talento que existe.