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La autenticidad de su voz poética no pudo ser callada por el casi anonimato autoimpuesto en el que pretendió vivir la escritora, periodista y directora de bibliotecas, Ana Ilce Gómez, la monimboseña que abrazó la literatura con estilo propio, abriéndose paso con versos firmes en un mundo que en nuestro país en décadas precedentes había estado bajo el dominio de los hombres.

A un año de su fallecimiento, acaecido el 1 de noviembre de 2017, se ha logrado concretar un proyecto ambicioso, por el valor que representa para la literatura nacional: la publicación de la obra “Poesía reunida”, perteneciente a la Colección Cruz del Sur, de la editorial Pre-textos, en la cual se condensa el legado de esta mujer que ha sido descrita como huraña, aunque en sus versos nos muestra a esa otra de la que habla en el poema “Ella”: “La que escribe no soy yo, sino la otra. Ella contiene las palabras, yo cumplo su destino”.

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Un destino que al parecer inició a escribirse en su infancia, pues en palabras del doctor Jorge Eduardo Arellano, la poeta desde pequeña escribía.

Ana Ilce fue reconocida por dar su voz en la lucha de las mujeres.

“Tomé en serio el asunto cuando me vine a Managua y conocí al poeta Carlos Martínez Rivas, quien me alentó y enseñó muchas cosas para ejercer el oficio”, señaló la escritora de Monimbó en una entrevista que Arellano refiere dio en 1964.

Asimismo, el doctor Arellano manifiesta que fue Roberto Cuadra quien la impulsó y promovió, junto a él, en Novedades Cultural.

“Del 25 de julio y del 10 de octubre del 65 datan, respectivamente, nuestras notas de presentación. En la mía afirmé que su sorprendente aparición opacaba para siempre a todas las insignes “pedorras liricoides” que la precedían. Desde entonces me enamoré de Ana Ilce, pero ella restringió nuestra relación a la de hermano fraternal. Casi todos sus compañeros generacionales la amamos y reconocimos su madurez prematura y plenitud verbal. Más ella nunca ostentó ningún rasgo de prepotencia, de frivolidad o de diva”, afirma Arellano.

Poesía reunida

El libro que será presentado este jueves 13 de diciembre en el Centro Cultural Pablo Antonio Cuadra, de Hispamer, a las 4 de la tarde, permite al lector hacer un recorrido completo por esa poesía íntima, en la que la escritora se reveló.

“Ana Ilce se presenta con una voz muy singular, honda e íntima, de persistente calidad, una verdadera escritora de culto para los jóvenes que hoy la buscan en Internet porque sus libros difícilmente están disponibles en las librerías. Empeñada en una terca voluntad de anonimato, cuesta convencerla de acercarse a los reflectores. Huraña y discreta, aunque de risa fácil, se asusta al oír mencionar su nombre en público, como si asomarse al mundo fuera un pecado capital”, refiere el escritor Sergio Ramírez Mercado en el prólogo que precede la compilación de poemas.

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Asimismo, recuerda que toda su obra consta de dos libros: “Las Ceremonias del silencio” (1975), que reúne su obra de juventud, publicada en revistas y suplementos, principalmente en La Prensa Literaria que dirigía el poeta, y maestro de poetas, Pablo Antonio Cuadra (1912-2002); y “Poemas de lo humano cotidiano” (2004), además de algunos últimos que no pertenecen a ningún libro, y que se incluyen en esta antología.

Ana Ilce fue reconocida por dar su voz en la lucha de las mujeres.

Ramírez Mercado habla de un puente entre Gómez y Carlos Martínez Rivas, el que asegura no se tiende solamente gracias a esa voluntad de quedarse al margen, y su rechazo a la literatura como escenario, sino a la calidad íntima de su poesía, silencio y soledad.

Para el escritor masatepino, ganador del Premio Cervantes,en la poesía de Ana Ilce, difícilmente encontramos eso que podríamos llamar paisaje exterior. Coronel Urtecho dijo de ella “que extrae, con excruciante necesidad, de la médula de sus huesos, la deliciosa concreción poética de su más íntima experiencia femenina”.

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“Rigor e introspección es lo que hace estéticamente perdurable la poesía de Ana Ilce y le da un acento propio. En su escritura no hay nada gratuito, ni palabra que sobre, cada una colocada en su sitio con precisión de relojería. La lectura de cada uno de sus poemas nos lleva a un acto de meditación, y ninguna de sus líneas nos pasa desapercibida; una maestría que la ha acompañado desde los primeros poemas en los que no encontramos vacilaciones, escritos desde entonces con mano juvenil, pero maestra. Ahora, en la madurez, su obra es dueña de un esplendor como pocos en nuestra literatura”, asevera Ramírez.

Más de cien poemas componen este libro que cierra con el apartado Poemas últimos, fechados hacia 2014 y vistos como un valor agregado que se adhiere a los versos publicados en los únicos dos libros que dio a luz.