•   Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

“Hace dos años y medio encontré algo que todo mundo quiere encontrar”, comenzó Edgar Zambrana, nervioso como nunca lo ha estado en los escenarios. Está frente a Alejandra, su novia y compañera en el reconocido dúo musical Aled, sonriendo mientras lee lo que previamente escribió para la proposición de matrimonio. 

El lugar es una cabaña llamada El Tamarindo, en Poneloya. Ambos visten con camisas blancas y están en medio de un corazón formado por luces navideñas blancas. Él alterna la mirada entre la pantalla de su celular y el rostro de ella.

Con las manos unidas, tras confesarle que es lo “mejor” que le ha pasado en la vida, se pone de rodillas sobre la arena y le hace la pregunta del millón. La respuesta no se hace esperar. “Sí, te amo y quiero estar con vos para siempre”, dijo ella. 

El lugar es una cabaña llamada El Tamarindo, en Poneloya. Ambos visten con camisas blancas y están en medio de un corazón formado por luces navideñas blancas. Él alterna la mirada entre la pantalla de su celular y el rostro de ella.

Después, la primera madrugada del año, fue un vaivén de lágrimas y risas para ellos. Lo único que para el público y sus fans es inequívoco, preciso, es que él fue el primero en contar al mundo aquella grata noticia. “Y si me preguntan cuáles son mis deseos para el Año Nuevo, estar con mi chela es el primero de toditos”, contó Edgar a través de sus redes sociales en los primeros 15 minutos del 2019, acompañando el mensaje con cuatro fotografías. 

Han pasado cuatro días desde entonces y aún no hay una fecha establecida, cuenta Edgar. La razón es que la proposición era una sorpresa para Alejandra y cualquier decisión a tomarse deberá ser debatida en pareja. Está sonriendo, se puede ver y se escucha además en su voz. “No lo voy a olvidar nunca, vieras cómo temblaba”, confiesa, a lo que agrega que estuvo llorando después. 

Del salón al concierto

Antes de Aled, muchísimo antes de la noche en Poneloya, ellos eran un par de apasionados por la música que compartían el mismo círculo de amistades sin conocerse. Edgar formaba parte de Cargacerrada y Alejandra interpretaba covers con un grupo de amigos. “¿Cómo nos conocimos? Es un supercliché”, dice ella. Él era profesor de Bajo, en la academia en la que ella entró a estudiar para aprender a tocar el piano. “Él entró, yo lo vi, él me vio, y entonces hicimos como clic”, confiesa Alejandra Salmerón.

El clic se escuchó resonar, en las cabezas de ambos, pero ninguno se atrevió a hablar de sus sentimientos con el otro. Eran amigos, así se empezaron a conocer y así habrían seguido si Edgar no la hubiese contactado para que colaborase con Bits, la banda que tenía él en ese momento. Él la fue a buscar y le propuso la idea. “Desde ese día nos hicimos inseparables”, cuenta Edgar.

Fue en el mar, como la escena de una película, algo “supercliché”, diría Alejandra otra vez, donde se dieron su primer beso. El siguiente paso fue en un concierto.  “Acabábamos de tocar nosotros”, dice él, “y estábamos en Ron Kon Rolas”. “Oe, chela, ¿querés ser mi novia?”, preguntó él, en medio del ruido del escenario, acompañado de sus amigos. Ella dijo que sí. Eran novios oficialmente y aquello, en palabras de él, propició Aled.

Como la miel

“Aled comenzó porque somos novios”, dice él, y procede a contar una anécdota que los seguidores de este dúo conocen. Estaban en casa, él con un ukelele y ella con un piano. Primero acordes, después la letra, y sin darse cuenta estaban dándole vida a “Como la miel”, su primer sencillo. Era una tarde calurosa en que “picaban los zancudos” y fueron “regañados” por su escándalo, pero nada de eso los detuvo. Así inició su historia musical y así terminó el concierto en que lanzaron su primer disco.

El disco “Marcas” se presentó cuando ellos ya tenían espacio en la música nicaragüense y su primera canción fue la del cierre. Desde lo alto, en Maura & Simón, sintieron que valía la pena haber recorrido universidades repartiendo corazones de origami como invitación. Aled, el dúo que comenzó “sin tener  una guitarra”, reafirmaba sus pasos de camino hacia su sueño. Aunque, eso no lo sabían, estaban a pocos días de conocer lo amarga que puede saber la miel a veces.

“No me dejes ir”

Se separaron durante la crisis que enfrenta el país desde abril. Edgar tomó su visa, después de largos debates con ella sobre el tema, y abandonó su tierra natal. Era necesario, cuentan, ya que requerían conseguir dinero. Para ellos y para sus amigos. “Fue un tiempo difícil”, es lo que dicen, y parece un comentario hecho a la ligera; sin embargo, sufrieron la distancia. Y sintieron en carne propia, además, la letra de una canción que habían interpretado muchas veces: “No me dejés ir”. 

“No quiero borrar tu sabor”, dice la letra, ese sabor a miel que recuerda a su primera canción. Así que cuando volvió aprovecharon cada segundo juntos. Para ver animé, que es una pasión que comparten, en la que destacan de inmediato a Naruto. “No queríamos ser hokages, pero sí músicos”, cuenta ella, dando una explicación a por qué les gusta tanto. Pero no solo para eso sino también para ver películas, para ser “hogareños” juntos, para comer y reír. Y poco después, para comprometerse a tener una vida juntos. Edgar Zambrana y Alejandra Salmerón han hecho la elección de no dejar ir al otro y solo queda desearles lo mejor en esta unión.