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Una noche en la que la luna brilla con un hermoso rostro femenino, el verde lagarto reluciente, de ojos chispeantes y cuerpo flexible se sienta sobre el tejado, con su sombrero de charro, y rasga la guitarra con la alegre música de Juan Charrasqueado.

La historia se desprende de la narración visual contenida en la ilustración que da vida a la portada del poemario “Un lagarto en el tejado, Poemas para niños de cualquier edad”.

Este libro nos presenta otra faceta del doctor Jorge Eduardo Arellano, el académico que nos tiene acostumbrados a sus rigurosos análisis e investigaciones, y que esta vez dejó a un lado al hombre estudioso para darle paso al niño en cuya imaginación las cosas más inverosímiles pueden ser tangibles. 

El doctor Arellano asegura que en el libro existe unidad en la diversidad temática y confiesa que la idea de escribir poemas para niños surgió en octubre de 1993.

“Ese año, con Octavio Robleto, asistí a un seminario de Unicef en Panamá. Ahí se reunieron los mejores escritores de la lengua española y se prescindió del concepto de literatura infantil, porque esta es la que es escrita por niños y se acuñó el término de literatura para niños, un género que hay que distinguir”, comparte Arellano.

Asimismo, señala que Rubén Darío es para él quien más ha escrito poemas y cuentos para niños que considera no son solo para niños, sino eso y mucho más, como a Margarita Debayle.

Composiciones

Al leer el poemario del doctor Arellano nos enfrentamos no solo a la diversidad de temas, sino también a los elementos fantásticos. En la composición “Anuncio”, el hablante lírico pregona que venderá los dulces que recibió en su cumpleaños a cambio del poder de Peter Pan: volar. Asimismo, la imaginación aflora en poemas como “El duende de una niña gemela”, donde el pequeño ser se escondía en la canasta de la ropa sucia y la menor lo vestía con la ropa de su hermano gemelo. 

No obstante, también confronta la fantasía con la realidad en poemas como “Las cosas no andan bien”, en el cual vemos una abolición total de los poderes de los príncipes azules para vencer la muerte de las princesas, en versos como: “A mi hermanita cuando murió, el príncipe con el que ella soñaba no la despertó”.

Además, propone el tema metafísico, en el poema “Las horas”, en el que el tiempo se convierte en el regente de prácticamente todo, excepto de la muerte.

“Limi Sirpi y Tagni” es un homenaje en versos a la Costa Caribe en el que exalta las costumbres ancestrales de los Ulvas, tribu antecesora de los Mayangnas y los Miskitos. Los hermanos que dan nombre al poema vivían en armonía con la naturaleza y los destaca como personajes alojados en las redes del olvido, cuya presencia solo está en la mente de quienes descienden de ellos. 

Didáctico

Aunque la mayoría de poemas reunidos en el libro ya habían sido publicados en la antología de 1995 que Arellano publicó con la escritora ya fallecida Vidaluz Meneses, y en periódicos, en el libro reúne algunos textos nuevos y todos los complementa con bellas ilustraciones a cargo de Pablo Téllez Vado. 

“Creo que son las mejores ilustraciones que he visto en mucho tiempo. Pablo Téllez para mí es un genio porque captó la esencia de cada poema”, dijo Arellano al respecto. 

Hay un poema inicial ecologista titulado “Los adúlteros”, que dimensiona el concepto de adúltero en un sentido que no es el tradicional sino el de los que alteran la naturaleza, denunciando las acciones que los adultos ejercen contra los bosques, la fauna, el agua, las que afectan la vida en la tierra de forma negativa y permanente.

“El poemario ha tenido una buena recepción. Hay elementos lúdicos, también dos o tres poemas que son fábulas, me gusta ese aspecto de que retomo las fábulas de animales en poemas como ´La hormiga y el gusano’”, apuntó Arellano. 

“Agencia” es un poema muy marcado por la imaginación, pero también es una invitación para que los niños descubran nuestro país, porque hace alusión a lugares como el cerro Musún, el cual si no conocen seguramente al leer el texto investigarán dónde está ubicado, también retoma que ofrecen una visita a la Mocuana, el personaje de la leyenda del Tisey, y al puerto de San Carlos en el tiburón de Menocal.

Como curiosidad encontramos la incorporación de un poema que escribió un tío abuelo de Arellano, el señor David Arellano, que es el más antiguo del libro y data de 1888.

La figura de la abuela está presente en dos composiciones del libro, primero como un personaje que deja huellas más allá de la muerte en la vida de los nietos y luego como el regazo predilecto de los niños.

Arellano explica que el suyo es el segundo poemario para niños que existe, el primero es el de Agenor Argüello, publicado en 1961.

Como dato particular, “Un lagarto en el tejado” también incluye actividades didácticas encaminadas a facilitar la comprensión lectora, debido a que plantea preguntas dirigidas a identificar el mensaje de cada poema.