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Una pequeña mochila, un boleto de avión y su guitarra fueron las únicas pertenencias que logró llevar el músico Ramiro Vega antes de iniciar su camino al exilio. El viaje fue casi obligado, al ser acusado por el Gobierno de ser el autor intelectual del asesinato de Kevin Rivera, policía de Masaya.

El presunto crimen ocurrió durante el denominado Plan Limpieza que realizaron las autoridades gubernamentales en la Ciudad de las Flores, en abril del año pasado. Vega, nieto de los músicos Alejandro Vega Matus y Ramiro Vega Jiménez, asegura que es un montaje político para desacreditarlo y procesarlo por un delito que nunca cometió.

Antes de su presentación en Rayuela Literario Café, un local muy concurrido por los costarricenses en San José, relató que su pasión siempre ha sido hacer música y desde temprana edad aprendió a tocar piano, pero la guitarra es su instrumento favorito, la cual lleva consigo a todos lados.

El artista manifestó que nunca se había involucrado en política, pero desde hace varios años le incomodaba el autoritarismo y abuso de poder del Gobierno. No obstante, la quema de miles de hectáreas de la Reserva Biológica Indio Maíz fue la que lo empujó a salir a protestar por primera vez. Luego, al empeorar la situación sociopolítica del país y  ver muchos civiles heridos de balas empezó a recolectar medicina y comida para ayudar a las personas en Masaya.

Acuña canta todos los sábados en Rayuela Literaria Café, el mismo lugar que Ramiro Vega. Carlos Solís/END

“Un día, cuando llevaba medicina a las personas de Monimbó recibí un mensaje, en el cual  me señalaban de haber matado de un disparo en la cabeza al oficial Kelvin Rivera. Al inicio no le tomé mucha importancia. Después me llegó otro mensaje donde me involucraban con el crimen organizado y de llevarles drogas a las personas de los tranques de Monimbó, ese mensaje me puso a pensar. Unos amigos me dijeron que la policía me andaba buscando para desaparecerme”, dijo mientras muestra los mensajes amenazantes que todavía conserva en su celular.

Vega relató que logró salir de Nicaragua con la ayuda de un amigo diplomático; primeramente vía aérea a Panamá,  ya que salir por tierra hacia Costa Rica significaba sacar un récord policial y su nombre ya estaba circulado por las autoridades.

En la ciudad canalera vivió durante 3 meses con un amigo artista. Luego asegura que se marchó a Costa Rica para estar más cerca de su pueblo, porque no pierde la esperanza de regresar a su patria.

Parte de las amenazas que recibió el artista. Carlos Solís/END

Cantante se abre paso en suelo costarricense

Otra artista exiliada en Costa Rica es Olga Acuña, quien actualmente es vocalista del grupo Contra Banda.  Ella contó que estudió Relaciones Internacionales en la Universidad  Americana (UAM), pero su pasión siempre ha sido la música.

La cantante afirma que nunca ha sido activista política, ni perteneció a ningún partido político, pero cuando el Gobierno anunció las reformas al Instituto Nicaragüense de Seguro Social (INSS),  ella salió a protestar para que no le tocaran su salario.

En la actualidad, Acuña canta todos los sábados en Rayuela Literaria Café, el mismo lugar que Ramiro Vega.  Carlos Solís/END

Además manifestó que cuando salió a protestar por primera vez fue cerca de Galerías Santo Domingo. Ella se unió a otros manifestantes y juntos cantaron el Himno Nacional frente a los uniformados, quienes reaccionaron con represión hacia ellos. Ella se refugió bajo las escaleras del centro comercial, donde pasó varias horas escondida junto a unas 50 personas, quienes lograron salir hasta que los militares se retiraron de la zona.

Una vez que las protestas en Managua se fueron arreciando, ella utilizó las redes sociales para autoconvocarse. “Me empecé a involucrar aún más, al ver cómo la policía atacaba sin piedad a los jóvenes de la UNI (Universidad Nacional de Ingeniería). Una vez llevaba medicamentos a los muchachos y los antimotines cuando nos vieron nos empezaron a tirar bombas lacrimógenas. Una de ellas impactó bien cerca de donde estaba, me dejó aturdida y desconcentrada. Días después, la policía ya tenía toda mi información personal y llegaban a buscarme a mi casa”, relató.

Olguita Acuña y Ramiro Vega, artistas exiliados. Carlos Solís/END

Asimismo destacó que su vivienda fue marcada con la palabra “traidora”, por lo cual su madre muy preocupada le dijo que buscara como irse del país porque si la metían presa, ella se iba a morir. La joven artista está refugiada en Costa Rica desde hace 6 meses, al principio pasó muchas penurias, pero gracias a su talento y las amistades que fue conociendo logró conectarse con personas del mundo de la música.

En la actualidad, Acuña canta todos los sábados en Rayuela Literaria Café, el mismo lugar que Ramiro Vega. Ella espera regresar a una Nicaragua donde los derechos de las personas que piensan diferente al Gobierno sean respetados y la corrupción sea nula. “Yo tengo mucha fe de que ese momento llegará. Sandino decía: ‘Si Nicaragua tiene quien la ame, será libre’”, dijo.