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Estrellitas rojas luminosas recibió el público que asistió a la presentación de la obra El Mago de OZ, mismas que a manera de broche colgaron en sus atuendos para que su luz, en la oscuridad de la Sala Mayor del Teatro Nacional Rubén Darío, formara una especie de árbol navideño interactivo.

El inicio de la velada se dio con la premiación simbólica y el agradecimiento de toda Nicaragua a los patrocinadores e instituciones, los cuales hacen posible que año con año la Asociación de Niños Quemados, Aproquén realice actividades de esta magnitud para recolectar fondos en pro de dicha institución.

Previo a este breve, pero significativo acto, se realizó la proyección de un documental titulado “Al final del arcoiris”, a través del cual el público apreció las distintas intervenciones que Aproquén y su personal han hecho además de los sectores favorecidos con juguetes y artículos de necesidades básicas.

Aplausos, proyección y acción

Como para diferenciar un poco la mecánica de las puestas en escena que normalmente vemos, esta obra inició con la proyección, en blanco y negro, de la obra sustraída del libro de literatura infantil escrito por L. Frank Baum. Enseguida, cuando la protagonista, Dorothy, despertó en el país de Oz, los actores se plantaron sobre el escenario para darle secuencia.

Dicha obra, en la que participaron 150 bailares de Danza Ilusiones, se dividió en nueve escenas, y fue contada y animada en español a excepción de la musicalización que se realizó en inglés.

Entre cada cambio de escena, los bailarines se desplazaron mostrando sus habilidades mediante variados ritmos y vestuarios creados de acuerdo al cuento y matizado con llamativos colores.

El cierre se dio con la participación de la danza que protagonizara la señora Vivian Pellas con el bailarín Juan Ernesto Palacios, misma titulada “Sobre el arcoiris”.

El cuento finalizó como inició: con la proyección de la obra misma en blanco y negro, cuando Dorothy finalizó la búsqueda de El Mago de Oz para que le concediera el retorno a su hogar, al lado del león cobarde que buscaba valor, el espantapájaros que deseaba un cerebro y el hombre de hojalata que urgía de un corazón para amar.