• |
  • |
  • END

Neurólogo – Psiquiatra
La epilepsia ha tenido una infinidad de nombres a lo largo de la existencia humana. Hay varios motivos que explican este interés: se trataba y se trata de una enfermedad muy frecuente, se presenta una reacción de miedo y temor que en muchas personas provoca el “tipo de convulsiones” de esta enfermedad, a lo largo de los tiempos se ha intentado definir estos sentimientos con palabras.

Los intentos realizados para tratar las crisis epilépticas se remontan a la pre y protohistoria de la humanidad. El modo y la manera de realizar las terapias, en cualquier época histórica, dependía de la idea que se tenía del origen de la enfermedad.

Época antigua:
- Período pre-hipocrático: Se consideraba la epilepsia como un fenómeno sobrenatural, “la enfermedad divina”, y, dado que era un mal enviado por los dioses, los “remedios” que se practicaban eran tales como realizar ofrendas a los dioses, expiaciones o ejercicios religiosos bajo la dirección de médicos – sacerdotes.

- En el período de la medicina hipocrática, sus practicantes estaban convencidos del origen natural de la enfermedad, y se intentó explicar la enfermedad de forma racional.

Según la teoría hipocrática de los humores, un ataque epiléptico se desencadena bien porque un humor más frío fluye del cerebro a determinadas arterias, o bien porque la bilis calientes fluyen al cerebro, en los dos casos se produce, por lo tanto, un calentamiento del cerebro; esto a su vez provoca que “el enfermo pierda el habla y se ahogue”, y es cuando comienza el ataque.

La base de la terapia era dietética, es decir, la forma de vida ordenada se fundamentaba en tres puntos: dieta, regulación de las excreciones y gimnasia terapéutica. Además de la dieta, en menor medida se utilizaban “medicamentos”, que eran, prácticamente, hierbas medicinales.

Edad Media:
Durante este periodo se olvidaron los conocimientos que se tenían sobre el origen natural de la enfermedad y se volvió a creer que la epilepsia era algo sobrenatural y que su aparición se debía a la influencia de espíritus malignos y de los demonios, así, de acuerdo con el pensamiento de la época, cambió el tratamiento, principalmente, a rezos, ayunos, ofrendas y peregrinaciones.

Además de los tratamientos arraigados en la fe cristiana, se desarrollaron innumerables prácticas curatorias basadas en la superstición, procedimientos que se utilizaron hasta muy entrada la edad moderna, como son los conjuros, los sortilegios, el fetichismo, la utilización de amuletos, etc.

La epilepsia fue en la Edad Media, después de la peste, la enfermedad con el mayor número de santos “competentes”; el más importante fue San Valentín.

La Edad Media fue también la época de la fitoterapia o tratamiento con plantas o partes de ellas.

Apenas existía una planta que no se utilizara contra “el día extenuante de las crisis”, o sea, contra la epilepsia. Los remedios terapéuticos más importantes eran la valeriana, la peonía (rosa de pentecostés), la artemisa, el extramonio, el muérdago, la belladona, la naranja amarga y la corteza de quina.

Renacimiento:
Durante el período del renacimiento, se empleaban cada vez más, junto a los componentes de las plantas medicinales, sustancias químicas definidas como “remedios contra las convulsiones”. Las más significativas eran: el cobre (utilizado ya en la antigüedad), óxido de zinc, nitrato de plata, bismuto, estaño.

Una sustancia muy utilizada fue el castóreo, ya utilizada en la época greco-romana, era una sustancia resinosa de olor fuerte y desagradable, segregada por dos glándulas abdominales que el castor tiene en el ano y que se empelaba como remedio contra la “enfermedad divina”.

Hasta muy entrado el siglo XIX, se había extendido sobremanera el uso de esta sustancia como “tranquilizante y remedio contra la epilepsia”, al punto que no faltaba en ninguna farmacia.

Cráneo humano: utilizado como remedio muy poderoso contra la epilepsia, se raspaba el cráneo de una calavera y el polvillo resultante debía tomarse diariamente. Si el paciente era hombre, el cráneo a utilizar debía de ser de mujer, y viceversa.

Artemisa:
fue la hierba mágica por excelencia. Incluso en la medicina académica se consideraba, hasta muy entrado el siglo XIX, que las raíces de la artemisa eran un poderoso remedio contra la epilepsia. También el ajenjo, al que pertenecen componentes constitutivos amargos de las flores de artemisa, se utilizaba como un remedio antiespasmódico.

En la actualidad no existe ninguna duda de que estos “medicamentos” sacados de los metales no tienen ningún efecto contra las crisis epilépticas.

Fue a partir de la segunda mitad del siglo XIX, a medida que los conocimientos físicos y médicos sobre la epilepsia aumentaban, cuando se encontraron por fin medicamentos eficaces en el tratamiento de la epilepsia. Los primeros que se descubrieron fueron el bromuro (1857) y el fenobarbital (1912), sustancias que se siguen utilizando en la actualidad.

La Clínica San Francisco, un ONG y el Dr. Martínez han elaborado un plan de asistencia que funcionará todos los días jueves, para las personas de escasos recursos, por favor póngase en contacto con la clínica para mayor información.


¿Cómo se diagnosticaba la epilepsia en la antigüedad?
Su diagnóstico se hacía, sobre todo, basado en los síntomas clínicos, o sea, por las crisis epilépticas observadas. Los “instrumentos para diagnosticar” de los que disponían los médicos en la antigüedad eran los de la observación, una detallada historia clínica (en primer lugar se recogían las informaciones de los allegados al paciente) y un pensamiento analítico. Sólo en ocasiones excepcionales, factores adicionales apoyaban este método para diagnosticar. Ya en la antigüedad se conocía que en algunas personas los resplandores producidos por el torno del alfarero podían desencadenar crisis epilépticas.

De esta manera era posible explicar en algunos pacientes de epilepsia la predisposición a la crisis. Hoy sabemos que se trata de la fotosensibilidad que algunas personas experimentan.

Esta predisposición se comprueba hoy en el laboratorio de electroencefalografía por medio de estímulos luminosos intermitentes. Se puede provocar una crisis de este tipo también a través de videojuegos, televisión o por los cambios de luces en las discotecas.

En la antigüedad se utilizaron métodos muy discutibles para diagnosticar la enfermedad, por ejemplo: durante la época romana era normal someter a un individuo del que se sospechaba padecía la enfermedad a oler una piedra de azabache (hulla).

Si el susodicho al olerla no sufría una crisis de inmediato, era considerado libre de padecer la enfermedad.

¿Cómo se diagnostica en la actualidad la epilepsia?
El electroencefalograma (EEG: registro de la actividad eléctrica del cerebro) es la prueba diagnóstica fundamental en la epilepsia.

El electroencefalograma fue descubierto por el médico alemán Hans Berger (1873-1941) en los años veinte del siglo XX.

La célula nerviosa (neurona) es una de las formaciones más complejas del cerebro, cuya función está vinculada con un proceso eléctrico y químico.

Con la ayuda del electroencefalograma se pueden hacer visibles, de una manera simplificada, los fenómenos eléctricos del cerebro. Un aparato del EEG no es otra cosa que un aparato que recoge el potencial eléctrico que emiten las células de la corteza, la amplifica millones de veces y la transcribe sobre papel.

Los trastornos de la mente causan muchas dificultades en el ámbito familiar, social y laboral. Estos trastornos no se deben a debilidad o incapacidad de las personas, lo que sucede es que el cerebro es un órgano de nuestro cuerpo y puede enfermarse en cualquier momento. Si usted, un miembro de su familia o un amigo llegasen a tener un problema mental lo más aconsejable es visitar al especialista.