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Neurólogo–Psiquiatra

Patricia es una mujer de 46 años, ama de casa. Como antecedentes médicos de interés destacan ulcus gástrico antiguo que no requiere tratamiento en la actualidad, e hipertensión arterial que está bajo tratamiento.

La paciente se queja de dolor generalizado (“me duele todo el cuerpo”) de un año de evolución. No hay antecedentes traumáticos ni enfermedad reumática diagnosticada. El dolor le cede parcialmente con el reposo y empeora con el frío.

La paciente refiere sentirse muy fatigada, y esto le impide la realización de sus actividades. Coexisten con el dolor y la fatiga un estado importante de ansiedad y ánimo deprimido, y alteraciones del sueño que la paciente describe como insuficiente (“me levanto siempre cansada, como si no hubiera dormido durante la noche”). A la paciente se le enviaron diferentes exámenes de laboratorio y rayos X, todos los resultados fueron negativos.

Raquel es otra paciente de 36 años, administradora de empresas, trabaja en un banco de la ciudad. No tiene antecedentes de enfermedades. Presenta un cuadro de dolor generalizado de dos años de evolución, que mejora levemente con analgésicos, se le asocia una sensación intensa de cansancio e insomnio, episodios de dolores de cabeza y colon irritable. No hay antecedentes de traumatismos ni de enfermedad reumatológica diagnosticada.

Otra paciente es Luz Marina, mujer de 58 años de edad, casada y madre de dos varones que empiezan a tener independencia económica, pero que aún viven en el hogar de los padres. Luz Marina es una paciente muy conocida porque acude frecuentemente a consulta por molestias varias, es hipertensa y padece de dislipidemia, con diagnóstico de depresión desde hace varios años y de problemas ostearticulares.

Hoy la paciente asistió a consulta para informarse sobre unos resultados de laboratorio de su marido y retirar sus recetas, cuando estoy ya cerrando la consulta la paciente me muestra una revista que tiene un artículo sobre fibromialgia, me pregunta si conozco la enfermedad porque a ella le parece que la revista está hablando de ella.

La miro por encima de la revista y decido en ese instante revisar detenidamente su historia clínica, en casi todas las consultas la paciente se quejaba de dolor osteomuscular más o menos intenso, los rayos X que se enviaron reportaban “signos incipientes de artrosis”, e historias de epicondilitis, contracturas musculares persistentes.

Es raro el año en que no le había enviado una interconsulta con el ortopeda, pero el único diagnóstico enviado por el traumatólogo es “posible espondilo artrosis”, por la epicondilitis también se derivó, pero ante lo prolongado de la lista de espera en el hospital, la paciente visitó un médico privado, éste la infiltró y la paciente reportó mejoría.

Del artículo de la revista destacan los siguientes datos sobre la enfermedad: incurable, incapacitante, incomprendida. Marginalmente hace mención a la utilidad de la psicoterapia y del ejercicio físico en el tratamiento. Al terminar de leer detenidamente la historia clínica y ver a la paciente tengo el convencimiento de que tiene razón, que el diagnóstico va a ser positivo para fibromialgia.

La fibromialgia es un síndrome crónico caracterizado por dolores en distintas partes del cuerpo acompañados de hiperalgesia (aumento de la sensibilidad dolorosa) y alodinia (dolor secundario a un estímulo que normalmente no desencadena dolor), fatiga, trastornos del sueño y de la función intestinal.

Por sus características, la fibromialgia formaría parte de los llamados síndromes somáticos funcionales, un conjunto de entidades cuyo elemento común es la presencia de un número de síntomas, discapacidad y sufrimiento que no guarda relación con las escasas alteraciones demostrables en la función o en la estructura orgánica.

Si en el adulto la fibromialgia es una entidad debatida, en el niño es la gran desconocida, tanto por los pediatras como por los reumatólogos pediatras, lo que supone en la mayoría de los casos, múltiples visitas médicas a distintos especialistas. Es causa de absentismo escolar, tanto por el cansancio como por la sensación de enfermedad que el niño presenta, y a ello hay que añadir la dificultad en la valoración del dolor subjetivo por parte del niño y la angustia expresada por los padres por la falta de un diagnóstico de la enfermedad que presenta su hijo.

Se estima que la enfermedad afecta de 2 a 6% de la población mundial. Se sabe que este padecimiento afecta más a las mujeres que a los hombres en una proporción de 10 a 1, se observa mayoritariamente entre los 20 y los 50 años. A los niños los afecta principalmente entre los 9 y 15 años, con una marcada proporción de niñas con fibromialgia que niños.

¿Qué causa la fibromialgia?

Es causa de debate en estos últimos años, ya que no se conoce un factor etiológico de la enfermedad, pero más del 50% de los pacientes requieren algún suceso concreto al comienzo de los síntomas; la enfermedad viral suele ser la más frecuente, aunque también se comunican traumas físicos, alteraciones emocionales y cambios en la medicación, como la supresión de esteroides.

¿Cómo se manifiesta clínicamente?

La fibromialgia ocasiona dolor músculo-esquelético generalizado, debilitamiento intenso (dinamia) y hasta incapacitante (astenia), trastornos del sueño, alteraciones del ritmo intestinal, rigidez de las extremidades superiores e inferiores y muy frecuentemente depresión acompañada con crisis de ansiedad.

Los sitios más frecuentes en los cuales se presentan los síntomas de fibromialgia incluyen la región lumbar (espalda baja), cuello, tórax y muslos. La alteración de los muslos se refiere a un calambre doloroso y localizado que en ocasiones se asocia a otros problemas (embarazo, por ejemplo). En algunos casos se observa espasmo muscular localizado.

Los trastornos del sueño son muy frecuentes en pacientes con dicha patología. Estos trastornos consisten básicamente en pesadillas, sueño no reparador, gran cantidad de descargas dolorosas en músculos durante el sueño.

Otros síntomas pueden incluir incontinencia urinaria, dolor de cabeza, migrañas, movimientos periódicos anormales de las extremidades, dificultad para la concentración y para recordar cosas, aumento de la sensibilidad táctil, resequedad de los ojos y boca, zumbidos y campanillas en los oídos (acufenos), alteraciones de la visión, cierto grado de incoordinación motora.

Cansancio y fatiga

La fatiga en grado extremo está presente en todas las actividades que realiza la persona con fibromialgia, por lo que sus tareas cotidianas se ven inevitablemente dificultadas. Dependiendo de la gravedad y de la variación del grado, este cansancio puede ser desde soportable hasta una discapacidad casi siempre infranqueable que limita sus tareas tanto en el ámbito familiar como en el laboral.

Aunada inseparablemente a este cansancio, como causa que lo aumenta y agrava, está la mala calidad del dormir, que impide a quienes tienen este padecimiento tener un sueño reparador y, por consiguiente impedirá el descanso y dificultará el alivio del dolor.

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Dr. Javier Martínez Dearreaza.

Universitá degli Studi di Pavia-Italia.

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