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A medida que pasan los años, los órganos, tejidos y células del cuerpo humano van acusando el desgaste natural que le producen su uso continuo y a veces inapropiado o excesivo, y la exposición al medioambiente. Si lo cuida, acepta y trata bien, puede funcionar adecuadamente, garantizando una vida con calidad.

Aunque está hecha de tejidos orgánicos, en lugar de plásticos y metales, y sus combustibles básicos son los alimentos, el agua y el aire en vez de la electricidad o los derivados del petróleo o el uranio; el organismo de las personas puede compararse con una compleja maquinaria. Una de las más maravillosas que existen.

Al igual que sucede con todas las máquinas, sus piezas se van desgastando con el paso del tiempo, y por consiguiente su funcionamiento también se resiente o ralentiza.

Sin embargo, el cuerpo humano, presenta algunas diferencias importantes respecto de las máquinas construidas por el propio hombre; con ser inevitable, el envejecimiento aporta algunos aspectos positivos y aunque se van deteriorando algunas cualidades o capacidades, se pueden ganar otras.

Los 30 son claves

A partir de los 30 años de edad las funciones internas, como la frecuencia cardiaca, la capacidad pulmonar, la resistencia a las infecciones y la depuración renal, comienzan un declive gradual y continuo, que no afecta la calidad de vida, porque la capacidad funcional de los órganos es superior a la que el cuerpo necesita.

En el cuerpo aparecen más arrugas, sobrepeso, flaccidez y canas, se reducen los reflejos, la agilidad mental, la capacidad de esfuerzo y la rapidez de recuperación. La espalda se arquea, y surgen problemas con las articulaciones, la dentadura y la respuesta sexual, así como dificultades para ver, oír y recordar.

La experta en enfermedades neuro-degenerativas, Alma Bueno, explica que "a los 40 años ya se empieza a perder memoria, al igual que la edad se nota en el cuerpo" aunque "es normal, que con los años, se vaya perdiendo la memoria, al mismo tiempo que se resienten las facultades físicas".

Según la experta se pierde memoria a partir de la cuarta década de vida y los primeros síntomas suelen ser pérdidas aisladas que pueden llevar a la desorientación, despistes, fallo en las palabras o vocabulario, repetir muchas veces las mismas cosas o, simplemente, dejar de cocinar como antes.

No obstante, la neuropsicóloga resalta que "aunque se empiezan a perder facultades, en esa etapa de la existencia al mismo tiempo se va ganando en otras capacidades como el vocabulario, la comprensión o la síntesis de las ideas", capacidades que en la juventud, sería muy difícil tener a ese mismo nivel.

Confíe en el médico

Para el doctor Ignacio Ferrando, director de Programas Médicos, los consejos básicos para hacerse mayor sin dejar de sentirse joven, consisten en llevar una alimentación correcta, controlar los hábitos de consumo de alcohol y tabaco, hacer ejercicio, mantener unos hábitos de sueño adecuados y no saltarse las revisiones médicas periódicas.

"Ir al médico nunca está de más", señala, aunque "esto no significa que haya que hacerse siempre un chequeo formal, sino más bien revisiones periódicas que incluyan exploraciones básicas como mamografías y análisis de laboratorio para la próstata".

Las recomendaciones básicas --recuerda Ferrando-- son tomarse la presión arterial cada año y, en caso de tenerla alta, cada seis meses, así como vigilarse los lunares y acudir al médico ante cualquier cambio en la forma, color o en caso de aparición de picores. También hay que acudir al dentista con frecuencia, ya que con la edad aumenta el riesgo de que aparezca gingivitis.

Nunca hay que olvidar la vista, que debe revisarse todos los años, señala el experto, porque "a medida que envejecemos, el cristalino del ojo se hace menos elástico, lo que significa que enfocar objetos cercanos se hace más difícil. La visión nocturna también se deteriora y somos menos capaces de distinguir los colores".

Otra posibilidad, explica Ferrando, es que aparezcan cataratas y glaucoma, que afecta a aproximadamente a una de cada 20 personas con más de 65 años.

"Las mujeres deben seguir explorando y examinando sus mamas cada mes para detectar la existencia de bultos o cambios, mientras que los hombres deben estar atentos a posibles síntomas de problemas con la próstata, por ejemplo, dificultad o esfuerzo al empezar a orinar o si se tienen que levantar frecuentemente por la noche", señala el médico de la aseguradora médica privada.

"En resumen sentirse más joven no es tan difícil, sólo hay que cambiar pequeños detalles perjudiciales para nuestra salud y confiar en el médico ante cualquier duda que pueda surgir", concluye la fuente.

El declive orgánico se acompaña de cambios físicos externos que se hacen más perceptibles a partir de la quinta década de vida y que pueden afectar el bienestar psicológico y la autoestima, si no se aceptan debidamente, según la psicóloga Cristina Ruiz Coloma, especialista en mayores.

Adaptarse a los cambios

Según la experta, "los signos de la edad son un proceso natural y nos recuerdan que entramos en una nueva etapa y ritmo vitales, que nos brindan otras posibilidades y hay que aprovechar al máximo: hay que aceptarlos y enorgullecerse de ellos, porque simbolizan una existencia plena de experiencias".

Aunque muy lento, el deterioro orgánico es inevitable, pero según Coloma puede ralentizarse, previniendo de paso problemas de salud, si se mantiene una actividad física regular, una dieta y un estilo de vida saludables y se deja de fumar.

"Además, la situación fisiológica varía según la gente y las circunstancias y no todos envejecemos igual: hay personas que a los 60 años lucen un físico de 40, mientras que otras, que han sufrido enfermedades o accidentes, tienen su salud y calidad de vida muy afectada, de mayores", explica la especialista.

Recuerda que aunque con los años el organismo va perdiendo la capacidad de reserva que le ayuda a rendir físicamente al máximo, con lo que nos cansamos más rápido y tardamos más en recuperarnos del esfuerzo, esta merma no llega a alterar el funcionamiento de la persona.

"Incluso una enfermedad crónica no tiene porqué afectar la calidad de vida si la persona adapta su entorno a esa dolencia: por ejemplo, una persona con artrosis no tendría mayores problema si vive en un piso bajo y no necesita subir escaleras", según Coloma.

Para adaptarse a los cambios de la edad, la experta recomienda dejar de sobreestimar lo físico y centrar la autoestima en el cuerpo, pasando a potenciar otros aspectos de la vida y a valorarnos según otras facetas, como nuestra personalidad, relaciones, principios, ideas e ilusiones.

"Hay que aceptar los cambios como parte de una evolución normal de la vida, y dejar de centrarnos en lo que ya no podemos hacer, sino en las nuevas posibilidades que ahora tenemos. En vez de lamentar la pérdida de las cualidades y capacidades físicas de la juventud, hay que vivir el presente, viendo lo que se puede hacer, mantener y aprender en esta nueva etapa", dice Coloma.

TERRA.COM
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