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Madrid - ABC

La camiseta en cuestión esta diseñada, los rotos son estratégicos– por Christophe Décarnin, para Balmain. En la misma colección de primavera-verano 2010 propone vaqueros desgastados, pantalones pitillo de cuero lavado y todo tipo de prendas que, a primera vista, parecen salidas de una tienda de segunda mano.

Y no se equivocarían en pensar que algunos de los accesorios de las chicas más caprichosas son efectivamente de segunda mano.

En los últimos años, con el ‘boom’ del fenómeno Vintage se ha puesto de moda comprar bolsos usados, porque así parece que gastan años como si se tratase de una joya familiar.

Lo más in es aparentar que viene de generaciones y generaciones de fashionistas. Con llevar un auténtico vintage, se sobreentiende.

Es el lenguaje silencioso de las entendidas en moda. Entre los modelos más buscados están los Birkin y Kelly de Hermès (cuanto más desgastados, mejor); en segundo lugar, cualquier otra marca de lujo de culto como Fendi, siempre que el bolso sea de piel exótica.

El tono de la mezcla

El resto del conjunto es una mezcla de ropa oversize de punto, chaquetas XXL, leggings y botas de cuero (también en verano) que, a simple vista, parecen de marca blanca, aunque en realidad es todo de ultra lujo. Parece mentira, pero las fashionistas invierten mucho dinero en parecer que no llegan a fin de mes.

Las chicas de Hollywood llevan años perfeccionando el “look pordiosero”. No hay más que mirar a las hermanas Olsen. Tienen una fortuna valorada en 100 millones de dólares, pero por la calle hay quien las confunde con un “sin techo”

¿Las claves de sus estilismos? Jerseys de punto cuatro tallas más grandes y siempre superpuestos, leggings rotos, zapatos de hombre que les quedan grandes, bolsos oversize que parecen robados a la abuela y el pelo con ese toque de “no me he duchado en tres días”.

Pero si miramos más de cerca –y con eso quiero decir “la etiqueta”–, comprobaremos que todo es de marca. Los jerseys son baby cachemire de Loro Piana, los leggings de algodón orgánico de Zoe Tee’s, los zapatos hechos a medida para ellas de John Lobb, el bolso un vintage de cocodrilo de Fendi y en el pelo llevan un producto especial de importación con extracto de caviar (o en su defecto algo muy caro y exclusivo) que les da ese toque “sucio”.

Agujeros de diseño

Dicen que las hermanas televisivas más ricas de Estados Unidos cultivan polillas en un invernadero, para, después, introducirlas en su colección de jerseys de cachemir y que les hagan agujeros.

Lo que sí es cierto es que son tan fanáticas de la ropa básica-pero-buena, que al comprobar que no encontraban camisetas blancas a su gusto, decidieron producirlas ellas misma. Así nació The Row, una de las firmas de básicos más caras del planeta moda.

Ellas argumentarían que el propósito de este “look desaliñado” es pasar desapercibidas y, al tiempo, transmitir que les da igual la apariencia, que no son frívolas, porque lo importante es cultivar el intelecto.

Precisamente esta es la norma de todo look bohemio, que responde al concepto romántico de aquellos poetas franceses que escribían versos a cambio de una baguette.