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Entre los maestros de la plástica nicaragüense, Denis Sándigo sobresale como uno de los que con mayor constancia y empeño han explorado la esencia de nuestra idiosincrasia y nuestra nacionalidad. Él es uno de los personajes populares más destacados de Ciudad Sandino, y el pintor del municipio con mayor proyección nacional.

Define su estilo como “costumbrismo nica”. Una de sus especialidades es la naturaleza muerta, en la que figuran de manera preferente piedras de moler, ollas, tinajas, candiles y calabazas. También le gusta pintar un jicarero típico campesino, con varias jícaras colgadas del mismo. Todos esos elementos suele pintarlos con una iluminación efectista y poco natural. Al momento de visitarlo, nos enseñó un bodegón que muestra unas gigantescas naranjas pintadas en verde y dorado.

En cuanto a sus fuentes de inspiración, él revela que viaja a los pueblos para recoger ideas o hacer bocetos. Otra alternativa es que se graba en la mente las formas que observa para reproducirlas luego en el lienzo. Generalmente no usa fotografías como referencia. Sándigo es reconocido como un maestro por todos los pintores del municipio de Ciudad Sandino, donde tiene ya treinta años de residir.

Trayectoria e influencias

Sobre sus orígenes familiares, manifiesta que nació en el poblado de Las Cuchillas, municipio de El Crucero y se crió en un lugar llamado “la Línea de Fuego”. Sus padres eran cortadores del “grano de oro” en una de las frescas y pintorescas haciendas cafetaleras de esa elevada población.

Se vino muy joven a Managua y trabajó desde los trece años, primero en un aserrío y luego en el sector de la construcción.

Entre las influencias artísticas que más reconoce y agradece están la de los pintores Carlos López y Oscar Rodríguez, quienes le transmitieron sus conocimientos y le abrieron las puertas a la Escuela de Bellas Artes, en el período de 1980 a 1985.

Denis recibió un premio de dos mil dólares en un certamen internacional de pintura celebrado en Barceló, Montelimar, en el año 1994. Ha participado en exposiciones personales y colectivas, y su obra ha sido reproducida en diversos catálogos en Nicaragua y el extranjero.

Técnicas y estilo

La “marca de fábrica” de la pintura de Sándigo es, ante todo, su temática y también la textura granulada en el acabado de las superficies. Ésta se obtiene, según nos indicó, con el uso de la espátula. “Una vez que está manchado todo con el pincel, se raspa con la espátula”, explicó. Y también, según añadió, agregando discrecionalmente color. Todo en función de la “luminiscencia”.

Otros elementos que resaltan en la pintura de Sándigo son su tendencia al formato monumental y el uso de colores de carácter “surrealista”.

Valoración crítica

En el ámbito de la pintura, Sándigo es un “corredor de larga distancia”, que ha ido depurando pacientemente su propuesta pictórica a través de los años, sin desviarse del rumbo fijado inicialmente.

Su peculiaridad es reflejar de manera muy seductora toda la parafernalia doméstica que refleja los ambientes de la vida campesina tradicional.

La obra de Sándigo puede bien definirse como la búsqueda y la plasmación de una serie de composiciones que conjugan arquetipos vernáculos con carácter icónico, calidad estética y connotaciones identificatorias.

De hecho, su obra tiende hacia lo monotemático, y en ella observamos una serie de variaciones alrededor de algunos objetos que se mantienen constantes. Por regla general, encontramos objetos de cocina, algunos de origen precolombino y connotaciones arcaicas, que podrían encontrarse aún en cualquier apartado rancho rural. Se trata, de hecho, de una cultura que está desapareciendo, arrinconada por la influencia de la modernidad, y que el pintor se empeña tenazmente en rescatar como un valioso legado para la posteridad.