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A Norlan Santana lo conocí de forma accidental. Cuando tuvimos que conciliar nuestros tiempos para montar una exposición de él, que yo comisariaba para un espacio privado. Me sorprendió que este abogado de profesión, prefiriera la soltura del pincel a la rigidez de la carrera que en otro momento escogió; me sorprende siempre como el gen del arte, una vez inoculado, a través de un hobby, de una formación temprana o de una afición familiar puede ser tan decisivo en la vida de algunas personas.

A su estudio entra la luz natural y cuando arrecia la lluvia hace las veces de laboratorio de música. Esta última tiene una presencia connotada en sus cuadros en las manchas, las degradaciones, la polifonía de materiales; como si las obras de Santana vivieran en esa dicotomía de ser el arte del espacio y el arte del tiempo. Pero es el tiempo -el no lineal, el retórico, el personal, el afectivo- quien en su protagonismo, gana esta batalla.

Ahora trabaja en varias series, pero el común denominador de todas es la sensación de envejecimiento del territorio pictórico y de lo que muchas veces está representado en él. De sus series urbanas el artista ha dicho: “es el agotamiento de las ciudades y de sus dinámicas, debido a la incidencia humana”. Esta máxima de Santana es una preocupación que lo presiona a diario. La obra de Santana pareciera sufrir, como en “El caso de Benjamin Button”, una re-generación. Nace vieja, es decir, nace de un proceso antiguo, propio de la producción de Santana. Estamos, más ante un alquimista del XIX, un mago que mezcla colores, tinturas antiguas, materiales orgánicos y que con ellos construye una obra contemporánea. Norlan Santana yuxtapone los tiempos, oculta los detalles (personajes, barcos antiguos, manchas no-informales) en medio de un paisaje que a veces se antoja naufragio, a veces una cosmovisión estelar. Su obra traduce esa magia del artista antiguo, del artista de oficio, que no distraído en el discurso, se distrae en la materia de ese discurso y esa materia aporta todo el sentido.

Ese sentido casi religioso de la creación, se siente en el aura de quien –aunque muy joven- dispone de un prestigio como pintor en el área. Este reconocimiento es doblemente importante, si reconocemos que Norlan Santana proviene de una tierra donde la pintura tiene un asentamiento muy sólido: Nicaragua; la tierra de Orlando Sovalbarro, Alejandro Arostegui y Armando Morales entre otras figuras importantes dentro de la plástica centroamericana. Así que en su caso, para abrirse camino, ha tenido que lidiar con un precedente importante, que le ha ayudado a definir no sólo su camino, sino también el suficiente distanciamiento estético para que su obra tenga ya un acento reconocible.

No sería justo reducir la obra de Norlan Santana a lo matérico o lo abstracto; aunque ambas sean categorías predominantes. En el caso de lo matérico por esa pasión hacia los “materiales” de lo pictórico, hacia la química o la ciencia como respuesta no sólo al arte sino al proceso de la vida. En el caso de la abstracción porque la distención de la forma en la obra de Norlan Santana, es un ‘statement’ de su trabajo. La sinuosidad de lo documentado, de lo registrado pictóricamente traduce una especie de no-dicho; de algo que su imaginación, su talento y sus intereses reconocen dentro del cuadro, pero que no es explícita para el resto. Parece que la abstracción fuera el acto deshonesto de su pintura, en esa pulsión por traslapar, esconder, ocultar o simplemente no decir del todo. Sin embargo, si situamos que la vida de todo sujeto tiene esos agujeros profundos de orden emocional e incluso de orden estético, todo ese “no lugar” que Santana reserva para sí, es en fin ese lugar misterioso y energético que sentimos y percibimos con otros sentidos en su trabajo. Ese lugar del sentido donde la materia se revela ella misma para hablar de la pintura, como una narrativa sobre sí, una especie de cuento sin fin, ese lugar es el sitio donde la obra de Santana adquiere su máximo esplendor. Donde no se dice nada. Pues está allí: sentida.

Tome nota

Para apreciar las obras de Norlan Santana, puede asistir a la inauguración de la exposición Encáusticas y Óleos del artista, misma que se realizará este jueves 5 de agosto en Galería Códice, que sita en Colonial Los Robles, del Hotel Colón 1c. al sur, 2 ½ c. al este.