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Ser padre no es nada fácil. No existe ninguna escuela especializada que nos diga qué hacer en cada etapa de la vida de nuestros hijos. Ningún padre es perfecto. Siempre vamos a recibir una queja de nuestros hijos, señalándonos algún error que hayamos cometido.

Ser un padre problemático para sus hijos significa que por diferentes razones le causan sufrimiento a través de la manipulación, el maltrato, las demandas y sobre exigencias desde la infancia hasta la edad adulta. Estos niños crecen en un entorno inseguro en términos emocionales, y eso afecta sus futuras relaciones afectivas.

Se les puede calificar como “tóxicos” cuando son autoritarios y descalificadores. Estos padres exigen actuar a sus hijos a como ellos quieren, les controlan la forma de vestir, los amigos que deben tener, las entradas y salidas de casa, no dejan que tomen decisiones por cuenta propia. Eso daña la autoestima de sus hijos, y ese círculo vicioso suele repetirse con otras figuras de autoridad, es decir profesores, jefes, etc., dejándolos actuar como seres sumisos.

También puede convertirse en un padre tóxico cuando demanda en exceso, abusa y exige en demasía. Este tipo de padres cuando sus hijos son adultos continúan presionando a través del chantaje emocional para que se comporten de la manera que ellos quieren y continúen respondiendo a sus requerimientos de la forma que consideran adecuada según su criterio. Estas personas tienen conflictos con sus parejas debido a la intromisión periódica en la vida de sus hijos.

Un caso real

El caso de Juanita y Carlos es emblemático. Se conocieron en la universidad cuando ambos hacían un curso de postgrado. Todo comenzó a ir bien, lo único que llamaba la atención de ella era la timidez extrema que él demostraba. Pero como en los momentos de enamoramiento no se ven los defectos del otro ni se reflexiona sobre problemas que están a la vista, así juanita no se dio cuenta quién realmente era su suegra. Ella cuenta que cuando fue a visitarla a Guatemala la recibió con mucho cariño, hasta le organizó una fiesta y un paseo.

Los comportamientos de la suegra de Juanita se patentizaron el día que Carlos llegó a casa de sus padres a pedir su mano.

Ese día en lugar de ser de alegría fue de mucha preocupación. En la noche familiar fue la madre de Carlos quien llevó la voz cantante, pues fue quien puso las leyes y condiciones, como que el matrimonio se realizaría en Guatemala y bajo su religión.

Los padres de Juanita se alarmaron mucho, llamaron a su hija a la reflexión, le hicieron ver la gran dependencia de Carlos hacia su madre, del dominio y control que ella ejercía sobre él.

Le explicaron sobre los problemas que tendría en el futuro, pero todo fue en vano, era como echarlo en un saco roto, la hija continuó adelante con su proyecto y todo sucedió tal cual la señora lo había impuesto.

Hace unos meses Juanita vino a mi consultorio y comentó que no se encontraba bien en su matrimonio, su suegra Ana era quien gobernaba la casa, sus decisiones eran ley, sobre casi todo lo que se vivía en su casa, pero el problema más grande se dio cuando nació su pequeña hija, pues su suegra quería educarla exactamente como había educado a su hijo, a lo que juanita se oponía.

Esto causó serios problemas entre ella y su suegra, por lo cual su esposo amenazó con divorciarse, tuvieron que intervenir los pastores de su iglesia, quienes le han aconsejado seguir las Escrituras en que dicen: “Abandonarás a tu padre y madre, y formarás una sola carne”. Hasta el momento no se ha dado ninguna solución.

Creo que Juanita está muy clara de la situación y decidida a que Carlos busque una casa en donde puedan vivir solos, ella quiere liberar a su hija de la influencia de la abuela.

Hay casos de padres que son inadecuados emocionalmente, y se sirven de sus hijos para que asuman roles que en realidad les correspondería a ellos.

¿Cuáles son estos casos? Madres e hijas adolescentes que en lugar de acompañar en el crecimiento a sus hijas compiten con ellas, madres o padres, que se visten y actúan como muchachos y se ponen en un pie de igualdad con su propios hijos.

Son esos padres que se enorgullecen diciendo que sus hijos son sus amigos, cuando en realidad el padre no puede ser amigo, pues el padre es la ley. Donde esto no ocurre la relación se vuelve disfuncional.

Cuando en una casa uno de los padres tiene una adicción y la madre corre todo el día detrás de él en el vano intento de salvarlo, los hijos suelen ocuparse de funciones para las que aún no están preparados. Así emergen hijos que cubren o compensan las faltas de esos padres. Se vuelven autoexigentes, con gran rendimiento ya sea escolar, en el cuido de la casa o en su trabajo.

También hay padres que tienen comportamientos compulsivos y también son tóxicos. Por ejemplo, quienes se dedican al trabajo y no pueden distinguir entre el tiempo dedicado a la casa y el dedicado a sus obligaciones. De esta manera, no son capaces de estar dispuestos a responder a ninguna demanda emocional que les planteen sus hijos.

Hay un vínculo muy dañino allí donde todo indica, aparentemente que hay grandes dosis de amor. Es el clásico ejemplo de la madre ultra posesiva, que les expresa a los hijos que ella, vive por ellos y para ellos, que está bien si sus hijos lo están, pero eso no es amor”.

La idea implícita es que si les da todo, ella podrá demandar todo. Hay un mensaje de culpabilidad tácito. Ella espera que sean sus hijos quienes la completen. Los hijos nunca podrán hacerlo, pero siempre se sentirán culpables por no haberlo hecho.

Las consecuencias

La consecuencia más visible para los hijos de tener este tipo de padres es que fueron preparados para ser niñeros de los demás. No podrán establecer una relación estable con una persona que esté “sana”.

Ellos necesitan sentir que la otra persona los necesita para sentirse valorados, necesitan sentir que sirven para algo. Suelen elegir parejas que ocupan el lugar de uno de sus padres: personas adictas al alcohol, el juego, las drogas; son compulsivas, inmaduras, violentas, maltratadotas.

Este proceso de selección de la pareja es inconsciente, la meta es “lo que no logré con una madre o un padre, lo voy a conseguir con este hombre o mujer”.

Ser hijo de un padre con estos tipos de problemas sólo implica que tendrán conductas codependientes en su vida adulta.

Estas relaciones tóxicas con los padres son más frecuentes de lo que uno puede imaginar. Podés divorciarte de un marido abusivo o maltratador, de una esposa que te maltrate psicológicamente; ¿pero cómo podés romper la relación con tus padres?

Los hijos con este tipo de padres saben que no pueden desprenderse de esa relación que sostienen, aunque les haga mucho daño, entonces se acostumbran a amordazar sus sentimientos.

Para soportar el nivel de abuso se habitúan al dolor, se callan como cuando eran chicos y cualquier pequeño problema podría hacer estallar una discusión que terminaría a gritos o en golpes.

Es muy frecuente encontrarse a estos hijos en la consulta deprimidos, débiles de voluntad, con fobias o que sufren ataques de pánico, y, en especial experimentan la sensación de sentirse anestesiados.

La relación entre hijos y padres problemáticos no es tratada en los libros de psiquiatría, esto no quiere decir que los adultos no puedan sentir un abuso emocional por parte de sus padres.

La terapia es indispensable en estos casos, si bien no se puede borrar del cerebro todas las experiencias vividas con este tipo de padres, pero se puede quitar o reducir el estrés, y también se ayuda al paciente a que encuentre soluciones de cómo enfrentar esta relación tan dañina para su vida psíquica.

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Dr. Javier Martínez Dearreaza.
Universitá degli Studi di Pavia-Italia.
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