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Sacos de arena, imaginación, un poco de paciencia y amor al arte, es lo único que requiere el costarricense Francisco Torrentes para crear expresiones artísticas en arena, las cuales alcanzan hasta tres metros de altura, y cuyas imágenes han dejado a los espectadores con la boca abierta, y a otros con el deseo de aprender.

Torrentes de 68 años, es originario de San José, y explicó a EL NUEVO DIARIO que desde hace 40 años se dedica al arte de crear auténticas maravillas de arena, y que su pensión de jubilado la utiliza para viajar a otros países a promover gratuitamente este arte, y entre esos destinos escogió Nicaragua.

En nuestro país se ha instalado en la ciudad de Rivas, dónde desde el cinco de agosto expone sus creaciones gratuitamente en una sala ubicada 20 varas al oeste de la oficina de Correos.

Quienes pasan por el lugar piensan que se trata de un nuevo museo de piezas arqueológicas, pero al ingresar se llevan una sorpresa, al ver la figura de la parroquia San Pedro o la iglesia San Jorge hechas de arena. Ambas obras artísticas alcanzan dos metros de altura y son dignas de admirar. El artista tico a la vez tiene en su exposición, la figura de una dama pensativa y preocupada, y la silueta de un hombre que por su postura desde afuera se confunde con piezas arqueológicas; también están en la exposición una águila y una madre amamantando a su bebé, entre otras.

Todo por amor al arte

El artista aseguró que sus obras no las comercializa y que más bien usa su pensión de jubilado para sus viajes, y ya ha visitado Colombia, Argentina, Panamá y ahora Nicaragua en donde seguirá promoviendo el arte que aprendió en España y mantuvo en Costa Rica. Aseguró que en sólo quince días se puede aprender a erigir atractivas piezas de arena, “y que todo lo que se requiere es paciencia, parar la arena, familiarizarse con ella y después hacer escultura con ella”.

Al final detalló que las piezas artísticas pueden durar hasta un año, pero que es necesario humedecerlas todas las mañanas. Explicó que en el caso de la parroquia San Pedro y la Iglesia de San Jorge, utilizó seis sacos de arena en cada una.