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AFP

Las litografías de los 29 retratos imaginarios, que el pintor español Pablo Picasso hizo en el ocaso de su vida, en su mayoría en cartón de embalar, se exhiben desde este viernes en Costa Rica para deleite de los amantes del arte, poco acostumbrados a ver obras de grandes pintores en el país.

Picasso pintó estas obras en 1969 cuando tenía 88 años. Lo hizo sobre unos pliegos de cartón corrugado y gruesas hojas apiladas en las paredes de su estudio/casa, en Mougins, en la Riviera francesa, que fueron transformadas en litografías por el célebre maestro litógrafo Marcel Salinas, en un largo proceso que duró casi tres años y que estuvo supervisado muy de cerca por el pintor malagueño.

Realizados con la técnica ‘gouache’ (a la aguada), las fechas inscritas en cada uno de los retratos indican que el maestro malagueño los pintó prácticamente a razón de uno por día, en marzo de 1969, con colores puros, rasgos sueltos y un gran vigor para su edad.

En las obras dominan los caprichos humorísticos del artista, así como “la visión deformada de la realidad tan propia de la tradición hispánica”, explica María Dolores G. Torres, historiadora del arte e investigadora de la Fundación Ortiz-Guardián de Nicaragua, propietaria de esta muestra.

“No son retratos realistas y no representan a ningún personaje real”, dice la historiadora española afincada en Managua desde hace más de 40 años, pero algunos de ellos recuerdan a personajes históricos, en particular de los siglos XVI y XVII, sobre todo por sus ropas, en las que abundan las golillas, amplios cuellos, encajes y charreteras, brocados y bordados.

En la fisinomía de estos retratos se destaca la nariz, “unas veces deformada, ancha o alargada en extremo, con la forma de un obelisco (...) En otras ocasiones, las cabezas muestran una nariz de perfil con un rostro en posición frontal”.

“La distorsión de la figura humana ha sido una constante en la obra de Picasso: unas veces con un sentido irónico, otras con un matiz trágico, pero siempre con un tinte desmitificador y burlesco”. Para esta historiadora, los ojos “son el gran enigma y las representaciones varían: ante la mirada vertical de unos, se opone la visión descentrada de otros conformada en diferentes planos o un ojo ciclópeo con dos pupilas”.

El próximo año llegará a Nicaragua, donde la Fundación espera hacer un museo permanente con sus colecciones, y después a Honduras y Panamá.

“Desde el año 2004 asumimos el compromiso de compartir con nuestros hermanos centroamericanos algunas de las colecciones del arte universal con que contamos, con el objetivo de contribuir con la cultura de la región”, explicó Rose Marie Murillo Karpinsky, de la Fundación Ortiz-Guardián.