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Cuando se anunció la realización de una película sobre Facebook, la popular red social creada por un estudiante de Harvard, llamado Mark Zuckerberg, en 2003, nadie sabía qué pensar. ¿Cómo iba a hacer el cine con sus tiempos de producción largos y complejos para captar la inmediatez, la velocidad de rayo de la página y su crecimiento mundial?

Muchos recordaban cuando Meg Ryan y Tom Hanks inauguraban el amor vía correo electrónico en la comedia romántica “Tienes un e-mail” e imaginaban -temían-, un relato similar aunque con mayor conectividad virtual y menos encuentros reales, más a tono con el siglo XXI.

Claro que cuando se supo que el director de “Red social” -que sería David Fincher, realizador de El club de la pelea, Zodíaco y El curioso caso de Benjamin Button, películas tan impactantes visualmente como polémicas, cualquier sospecha de comedia simplona quedaba descartada. Y la impresión se confirmaba cuando Aaron Sorkin, talentoso guionista y creador de la serie televisiva The West Wing se sumó al proyecto.

Uno conocido por su método de trabajo obsesivo, y el otro, por escribir personajes tan verborrágicos como interesantes, la duda era qué harían Fincher y Sorkin con la aparentemente infilmable historia de la creación de una página de Internet.

“Los temas de esta película son tan viejos como el impulso de contar un cuento: lealtad, amistad, poder, dinero, estatus social y celos.

Creo que es una historia que si Shakespeare estuviese vivo podría haber escrito. Pero no, me tocó a mí”, dice Sorkin riéndose y hablando como sus personajes.

Un discurso que traza una línea directa desde el cerebro a la boca e impacta directo en el oyente. Un estilo ideal para reconstruir en el cine la historia o, más bien, las varias versiones de la historia, detrás de la creación de Facebook.