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Cuenta la tradicionalista Reyneris Suazo, que esta fiesta de espantos nació hace 49 años como una iniciativa de la cofradía del pueblo “Elías Israel Rodríguez Zelaya”, quienes enmarcados en las fiestas del “Gran Torovenado del Pueblo”, promovieron una velada nocturna donde pudieran recrear a los personajes de mitos y leyendas ancestrales, propios de nuestra herencia indígena.

Fue así como nació esa tradición que hoy se ha convertido en una fiesta de disfraces con sello pinolero, que primero cruzó las fronteras del barrio indígena de Monimbó hacia las calles de Masaya, y hoy en día ha trascendido los límites de la “cuna del folclore” hacia otros sitios, como Managua.

Esa fiesta de espantos de agua, según su significado del náhuatl al español, representa más que una tradición para sus guardianes a quienes encontramos preparándose anticipadamente para dar cobertura a la demanda que genera esta fiesta a la que cada año se suma más y más gente. Esa demanda ha hecho que la economía de muchas familias se dinamice para estas fechas, mejorando significativamente sus ingresos.

EL RECORRIDO

Guiados por un digno representante de la “cuna del folclore”, el presentador de televisión Osman Flores, recorrimos los talleres donde se elaboran las máscaras y los trajes que uniforman a sus visitantes.

Iniciamos en el Taller de “Los Diablos” donde la familia Espinoza trabaja arduamente en la elaboración de máscaras tradicionalmente hechas a base de papel periódico o papel maché.

Para dar forma a esas máscaras dejan remojando el material durante todo el año y cuando se aproxima la fecha, los mezclan con almidón y con la ayuda de un molde le dan forma al personaje que desean recrear.

La familia Espinoza manifiesta que para estas fechas hacen más de 400 máscaras autóctonas de los Agüizotes, mismas que venden a precios de parten de 80 córdobas a más, según el grado de dificultad.

Desvirtuando la tradición

En estos quince años que lleva la familia Espinoza elaborando máscaras han visto incrementar la demanda de diseños especiales que rompen el molde de lo tradicional, pero que ellos se las ingenian por complacer para no espantar a los nuevos fans de esta tradición.

De acuerdo a la tradicionalista Reyneris Suazo, por mucho que han luchado por evitar que se desvirtúe la tradición, no han logrado hacer eco entre la nueva generación que insiste en aportar nuevos personajes que no van con el concepto de recrear a esos personajes de mitos y leyendas por lo que han optado en hacer caso omiso.

Sí hacen hincapié en evitar máscaras de plástico es porque no sólo deforman la tradición, sino que también opacan el trabajo de sus artesanos y deprimen el desarrollo del pueblo que al final se ha visto beneficiado con la masificación de esta cultura.

Rostros pintados

Como una alternativa de ahorro y variedad, también se ha implementado la técnica de cubrir el rostro con diseños alusivos a los Agüizotes a base de pintura. En ese arte Hernaldo Useda es especialista. Él es diseñador de profesión y para estas fechas su creatividad “fantasmagórica” vuela. El día de los Agüizotes centenares de personas lo buscan para que imprima en su rostro ese toque tenebroso, siempre inspirado en nuestros mitos y leyendas.

Sin embargo los jóvenes con espíritu vanguardista le piden algo más fantasioso para lucir.

Cada cara pintada le toma entre 20 a 30 minutos, gracias a cinco años de experiencia que lleva ya aportando a esta tradición. Los diseños más tradicionales son los esqueletos, zombies y los góticos, como nos comentó.

Su misión inicia a las cinco de la tarde y lo auxilian en el proceso sus sobrinos. Casi siempre termina de pintar a las nueve de la noche por lo que termina llegando al final de la procesión.

El atuendo perfecto

Para complementar este look visitamos el taller de costura y diseño del tradicionalista Omar Calero, quien no sólo se encarga de hacer cotonas para disfrazar al mar de gente que se suma a esta tradición, sino que también divide su tiempo con los trajes de negras que deleitan al pueblo los domingos en celebración de las fiestas a San Jerónimo.

TOME NOTA

La fiesta de los agüizotes se realizará mañana viernes a partir de las siete de la noche. El punto de partida es la iglesia Magdalena.

CONTACTOS
Taller “Los Diablos” 8834215 O 84012717
Taller Don Omar Calero: 89234812 o25230504
El Diseñador Hernaldo Useda : 88127986

Historia de los Agüizotes
* Por los años de 1970 se incorporan al Torovenado del Pueblo un grupo de jóvenes entusiastas del folclore Masayés conocidos como los Cadejos (Silvio Ortega, Juan Ramón García, Moisés Rodríguez, Manuel Suazo, Jaime Martínez, Julio y Humberto Urbina) quienes, luego de haber observado por años el Torovenado, proponen un evento donde se luzcan los personajes de terror y de ultratumba propios de los mitos y leyendas de nuestros pueblos.

*El primer año de esta tradición no hubo disfraces. Fue hasta el año siguiente que se asume esta tradición. Los primeros disfraces fueron las respectivas sábanas de los protagonistas.

*Los Agüizotes no salen el último viernes del mes de octubre como se maneja actualmente, sino que se rige en función del Torovenado del Pueblo que se celebra el último domingo de octubre.

*Previo a la procesión nocturna se realiza ese mismo viernes una fiesta de Agüizotes infantil, posteriormente salen los “Agüizotes Jurídicos” y todos convergen en la tradicional procesión de los Agüizotes.

*La celebración de los Agüizotes no lleva ningún fin religioso, ni se basa en ritos satánicos, sino que se trata de recrear y divertirse simulando ser uno de estos personajes que yacen en el acerbo histórico de nuestra milenaria cultura.

*La Llorona, La Mokuana, La Carreta Náhuatl, El Cadejo, La Cegua, La Muerte Quirina, Los Diablos Azules, Verde y Rojo, Los Duendes, El Mono Roba Gallina, La Chancha Bruja, entre otras representaciones basadas en los ritos ancestrales de nuestros pueblos indígenas como “la vela del niño”, forman parte de los personajes que se recrean durante los Agüizotes.