•  |
  •  |
  • END

Los padres, por lo general, piensan que sus niños no pueden tener ningún problema de orden psicológico, creen que la infancia es la “edad de oro de la vida”, en realidad en algunos aspectos sí lo es; en este período de la vida se crean los primeros vínculos afectivos y se conocen las maravillas del mundo con asombro y fascinación, pero este proceso puede enfrentar dificultades que alteran la conducta del niño, generando una relación conflictiva con su entorno, aislamiento y situaciones angustiantes que mermarán sus capacidades.

Aunque muchos padres no lo saben, cambios emocionales y de conducta en sus hijos pueden evidenciar la gestación de un trastorno mental que requiere ayuda psiquiátrica.

Desde el momento de su nacimiento el niño comienza un proceso de crecimiento y desarrollo, el proceso de crecimiento hace referencia a los cambios físicos que el niño va experimentando, el de desarrollo hace referencia a áreas como capacidad de movimiento, lenguaje, socialización, autocuidado y adquisición de conocimiento, el desarrollo infantil puede estudiarse desde tres dimensiones: física, social y psicológica, la primera es competencia del área médica y las otras dos del área psicológica.

La medicina ha establecido una serie de parámetros que conforman lo que se denomina “desarrollo esperado” el cual comprende estimaciones del comportamiento de cada niño de acuerdo a su edad, grupo social y población a la que pertenece.

Un niño alejado de estos patrones decimos que no tiene un “desarrollo normal”, por ejemplo un niño que comienza a caminar a los dos años, un niño que no habla en el tiempo promedio o lo hace de manera inadecuada, también cuando es más grande y presenta problemas en la escuela o no aprende al mismo ritmo que sus compañeros.

Cuando un niño tiene dificultades en su desarrollo mental, por lo general el problema es multicasual, todo esto llega a conjugarse de tal manera que provoca una serie de alteraciones en el perfil psicológico del niño, por lo que requiere ayuda del especialista para poder nivelar estas alteraciones.

¿Cuáles son los problemas más frecuentes que pueden afectar el desarrollo de un menor?
Tartamudez: Ante un niño que se comunica con pronunciación entrecortada o repitiendo sílabas, lo primero que un padre debe hacer es llevar a su niño al otorrino para que éste determine si existe alguna alteración del aparato fonoarticular. Si todo está bien se descarta la parte biológica y podemos pensar que el tratamiento es por una condición emocional, por lo que el niño debe ser transferido a un psiquiatra.

Una vez que el niño esté en manos del psiquiatra, éste debe enseñar a su paciente a enfrentar situaciones estresantes, pero deberá auxiliarse de un logopeda para que el niño siga una terapia de lenguaje para que aprenda a mejorar su pronunciación.

Los niños con este problema deben ser tratados adecuadamente porque les causa baja en su autoestima por las continuas burlas de sus compañeros.

Enuresis nocturna: Por lo general los niños dejan de orinarse en la cama a los tres años, pero hay niños que continúan haciéndolo, estamos ante un síntoma bastante común.

La enuresis nocturna puede tener un sinnúmero de causas emocionales, por ejemplo puede ser causada por temores o inseguridades por lo que puede asociarse a algún evento que genera miedo e incertidumbre, podría ser un cambio de casa, la separación de los padres, la muerte de un ser querido, la llegada de un hermanito, problemas escolares, etc.

Fobia social: El niño está generado por situaciones sociales con iguales, no en interacción con adultos. La exposición a la situación fóbica casi invariablemente induce respuestas de intensa ansiedad, en el niño muy pequeño, la ansiedad puede expresarse mediante el llanto, rabietas, inmovilización o recogimiento tras la exposición a situaciones sociales con extraños.

El problema como vemos en la fobia social, es la socialización con sus compañeros, es una alteración considerable de miedos y temores, o porque el niño se toma demasiado a pecho lo que le dicen: recibe una broma y reacciona mediante conductas extremas que pueden manifestarse con agresividad, introversión, apatía pronunciada y alejamiento de sus semejantes.

Depresión: Los niños y adolescentes pueden también padecer depresión, eso interfiere en sus habilidades y desarrollo integral, sólo que sus manifestaciones son ligeramente distintas a los de los adultos, por lo que los padres deben buscar ayuda si aparecen uno o más de los siguientes síntomas:

* Tristeza y llanto constante
* Pérdida de interés en sus actividades favoritas
* Aburrimiento persistente y falta de energía
* Quejas frecuentes de enfermedades físicas, como dolor de cabeza o estómago.
* Ausencia frecuente a la escuela
* Bajo rendimiento escolar
* Cambios en el comer y dormir
* Menciona que desea escapar de casa
* Expresiones suicidas y comportamiento autodestructivo
Los niños y adolescentes que se portan mal en casa y en la escuela pueden estar sufriendo depresión sin que nadie se dé cuenta de ello, por lo que los padres deben acercarse más a ellos para percibir cambios en su conducta y así poder buscar ayuda profesional.

Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH)

En varios artículos he expuesto este problema y la necesidad de llevar al niño donde el especialista, sólo quiero recordarles los síntomas más importantes que son: hiperactividad, inatención e impulsividad.

Abuso sexual: Este tipo de violencia puede ocurrir dentro o fuera de casa, el pequeño desarrolla una serie de pensamientos e ideas angustiantes.

No hay niño preparado psicológicamente para hacerle frente al estímulo sexual, y cuando los abusos en este aspecto ocurren en casa, el menor puede tenerle miedo a la ira, celos o vergüenza de otros miembros de la familia, o quizás puede temer que se presente una desintegración si denuncia el abuso, de modo que experimenta mucha tensión y angustia por lo que ocurrió.

Anorexia y bulimia: Malos hábitos de nutrición, modas y ante todo, la irritación de un hermano mayor o tutor generan problemas alimentarios comunes entre adolescentes, e incluso entre los 8 y 14 años de edad, por lo que podemos hablar de anorexia nerviosa en niños, principalmente del sexo femenino.

Se ha observado que el carácter de quien padece anorexia nerviosa es perfeccionista y obtiene buenas calificaciones en la escuela, pero, al mismo tiempo, se subestima, cree irracionalmente que está obesa aún cuando pierda mucho peso y se pone muy delgada.

En la bulimia, la niña o el niño ingiere grandes cantidades de alimento con alto contenido calórico, y luego busca eliminar sus copiosas comidas a través del uso de laxantes o provocándose el vómito.

Drogas y alcohol: Desgraciadamente un número cada vez más creciente de niños y adolescentes se acercan al alcohol y a las drogas, algunos desarrollan dependencia y actuarán durante años de manera destructiva hacia sí mismos y otros.

Quienes comienzan a fumar tabaco o a beber desde temprana edad, corren el grave riesgo de ser más propensos a consumir drogas.

Discapacidades: La labor a seguir es muy variada, dependiendo del tipo de problema que se presente y si éste es de nacimiento o adquirido. Pueden ser muchas las discapacidades, en el área motora (motora fina, motora gruesa), en el lenguaje, visuales, auditivas, intelectuales, etc. El psiquiatra sabrá como orientarle para que sus padres tomes las mejores decisiones sobre cómo enfrentar una discapacidad.

Violencia familiar: El maltrato a menores perdura mucho después de que las señales de golpe y heridas físicas han desaparecido o de que las ofensas se han esfumado, por lo que un tratamiento temprano es lo más indicado para minimizar los efectos a largo plazo causado por los abusos o maltrato físico o psicológico.

Adopción: El niño adoptado puede desarrollar problemas emocionales y de comportamiento, como resultado de las inseguridades relacionadas con su condición, por lo que si los padres notan alteraciones de carácter o inquietud lo recomendable es que busquen ayuda.