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Su boda soñada era en una pequeña, sencilla y elegante iglesia del municipio El Crucero arreglada con centenares de velas blancas que iluminara su camino al altar. Mientras los pétalos de rosas servían de alfombra al ceremonioso paso con el que Cristiana Frixione caminó guiada de la mano de su padre al encuentro de su príncipe azul.

Una orquesta sinfónica le daba la pauta a ella y a su cortejo para avanzar. Lucía radiante y feliz llevando un vestido blanco que le daba un aire cándido y sensual. La cola del traje iba ataviada con rosas, y armonizaba perfectamente con el concepto de la decoración en la que las rosas blancas y las flores eran las protagonistas.

Mientras, el velo corto ya guiñado atrás no ocultaba su impecable apariencia de quien va camino a cumplir la fantasía de su boda.

Este capítulo del cuento de hadas de una ex Miss Nicaragua, inició con un recorrido en una carroza guiada por cuatro corceles blancos, mientras en la iglesia el novio esperaba impaciente con una hora de anticipación la llegada de su musa, quien rompió con el mito de que la novia siempre se demora.

En un cuento de hadas este sería el final; sin embargo, para Cristiana es sólo el inicio de un nuevo capítulo de su vida con Jorge Jarquín, mismo que abrió tal y como se lo imaginó.