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Aún recuerdo cuando mi recorrido durante La Gritería lo hacia con un indio en la cabeza y una matraca en la mano. Cuando los caramelos eran entregados en canastitas tradicionales y el gofio no faltaba.

Cada vez esta tradición de entregar productos tradicionales se está perdiendo y los de plástico van ganando terreno, al menos así lo cree doña Blanca Antonia Pavón, quien elabora en el taller improvisado de su padre, productos hechos de madera como matracas, carritos, caballitos de madera, entre otros que antes abundaban, pero que hoy son cada vez más escasos y no por falta de mano de obra, sino de demanda.

“Este año ni el gobierno nos pidió. El año pasado un día como hoy estábamos trabajando para sacar el pedido, pero ahora no hemos vendido ni la mitad de la cuarta parte de nuestra inversión”, manifiesta don Cipriano Pavón, quien habita en Masaya, “la capital del folclore” que tiene fama de albergar las manos laboriosas que imprimen ese toque autóctono y tradicional a las fiestas marianas.


¡Y así es! Basta con entrar a Monimbó, el barrio indígena de La Ciudad de las Flores, para ser testigos del esfuerzo que realizan los artesanos de esta zona por mejorar su producto para hacerlo más atractivo, sin perder los rasgos que lo hacen “tan nica como el pinol”.

Desafortunadamente este esfuerzo se ve opacado por productos más baratos, aunque no tengan nada que ver con lo nuestro.

Doña Juliana López trabaja productos a base de palma; dice que ese oficio de artesana lo heredó de su mamá, y con el fruto de su trabajo le ha dado de comer durante más de cuatro décadas, también le permitió educar a sus cuatro hijos.

Ella muestra la destreza y el talento para hacer indios, sombreros, carteritas y todo lo que se le ocurre que puede aportar a la gorra tradicional de las festividades marianas, pero al paso que va La Purísima pierde su enfoque tradicional y ellos se van quedando sin fuente de ingresos.

Doña Juliana, Doña Blanca y Don Antonio lamentan que la gente no valore el esfuerzo que hacen. Todos sus productos son hechos a mano, no industrializados por montón como es el caso de los plásticos, por eso el precio es diferente ¡Pero vale la pena! Concuerdan.

Doña Juliana da trabajo en su taller “Mariana Cristina” a cuatro personas. Este año ha comprado material “conforme Dios la bendice”, pero en comparación a años pasados su venta ha disminuido significativamente.

Mientras, en el Taller de “Cipriano Pavón” que tiene más de 30 años de existir, también redujeron la inversión para elaborar lo necesario porque aún hay gente que rescata lo autóctono.

¿Y los gofios?

El fenómeno con los dulces “no es igual, aunque es lo mismo”, satíricamente hablando. Es posible ver menos gofio y más cajetas de mazapán. La razón, de acuerdo a los propietarios de Dulcería Martínez, radica en el alza del precio de la materia prima de esta tradicional delicia. El mazapán se hace a base de maíz, azúcar y agua, lo que compensa, explicó doña Auxiliadora de Dulcería Sandro.

El ambas dulcerías también elaboran cajetas de coyolitos, crocante y cartuchos de maní.

Para doña Cándida y don José Domingo Martínez, este año la venta no es igual a años pasados, está súper baja, ese es su principal indicador para pronosticar que las celebraciones de Las Purísimas ya no serán tradicionales.