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Por rebeldía luchó en el Frente Sandinista hasta acabar con la dictadura de Anastasio Somoza. Y podría decirse que también por rebeldía la escritora, miembro de la Academia de la Lengua Nicaragüense y, sobre todo, madre de cuatro hijos, se ha divorciado dos veces y casado tres, la última con Charles Castaldi, un productor de cine con quien ha vivido a caballo entre Nicaragua y Los Ángeles y al que no enseña sus libros. “He optado por no hacerlo porque me deprime. Es demasiado crítico”.

Sí, es lo que parece, una sátira política y erótica sobre un mundo gobernando sólo por mujeres, un deseo hecho ficción, una utopía... “Soñé con un mundo donde se pudiera conciliar trabajo y familia, donde reinara el felicismo. Desde el feminismo nos hemos dedicado mucho a luchar por los derechos reproductivos, pero como que se quedó estancado en eso”.

Belli, autora de La mujer habitada, mira con desconfianza la prehistórica grabadora que recoge sus palabras. “El poder está cansado, hay que reformularlo. Un Gobierno no sólo debe lidiar con los factores macros, tiene que atender a lo micro”. En El país de las mujeres gobierna el Partido de la Izquierda Erótica (PIE), que la escritora ha hecho saltar de la ficción a la realidad e impulsa a través de la web www.partidoizquierdaerotica.com. Es un movimiento que aspira a ser global, el partido de las sin partido... Cada mujer impulsa ideas allá donde esté y todas en este sitio. “Nadie puede con una buena idea que se pone a rodar”, aventura.

¿Llegó a empuñar las armas?
La escritora da un sorbo a la copa de vino blanco antes de responder: “Sí, en entrenamiento militar. Afortunadamente, nunca maté a nadie”.

¿Volvería a hacerlo?

“Tenemos la experiencia de cuán terrible es la guerra. Tenemos que buscar otros métodos, no quisiera volver a eso”.

¿Pero, se arrepiente de aquellos años?

“Para nada, echar a ese dictador fue importante para Nicaragua y para mi generación. Nos formó, nos templó, y fue una lucha heroica y hermosa. No podemos esperar que todo lo que soñamos se realice en nuestro tiempo de vida. Eso es utópico e ilusorio. Uno sabe que empuja del carro de la historia un poquito y que esa es su contribución. Y yo quiero contribuir ahora. ¿Cómo? Ayudando a reformular la idea del poder. ¿Y vos?”.