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Hermano Flavio: Tu sueño se cumplió. Esto ya lo sabés. Pero el domingo pasado fue la consagración, nada menos que en el Teatro Nacional Rubén Darío. ¿Lo imaginaste alguna vez? ¿Te imaginaste a dieciséis ejecutantes de marimba golpeando al mismo tiempo, rítmicamente con sus bolillos, las teclas de ocho marimbas? En 1994, cuando alzaste vuelo, quizás eso era inconcebible.

Cuando te le acercaste a “Tun-Tun” y le pediste con uno de esos tus entusiasmos fuera de serie, que te enseñara a tocar marimba, y después comenzaste a atisbar la posibilidad de que muchos chavalos y chavalas también aprendieran, estabas siendo profético. ¡El profeta Flavio! Sé que te vas a reír, condenado. La escuela que lleva tu nombre ha graduado ya a más de ochocientos ejecutantes de marimba y a 120 de guitarra. Algo difícil de creer, pero cierto. ¿Qué más podés pedir? Más feliz no podés estar.

En el Teatro te imaginaba descubriendo tus grandes dientes blancos de conejo, sonriendo de plena satisfacción (en carcajadas estrepitosas dice Carolina, mi mujer, que te recuerda con tanto cariño que me pongo celoso), ante el espectáculo de quienes siguieron tus pasos, de esas muchachas y muchachos en cuya alma musical vos vivís. ¿Y viste? No estaban serios ni tiesos, sino alegres, entusiastas, bailando, sonriendo, sus ojos despidiendo chispas y sin perder de vista las veintidós teclas para tocar sólo la que el ritmo y musicalidad requería, y no otra. Estaban haciendo algo que es evidente que les gusta, y lo disfrutaron tanto o más que el público que llenamos el Teatro y los aplaudimos como pudiste escuchar desde allí donde estás.

Las hermanas Calderón Zambrana, María Alejandra y María Marcela, estaban en primera fila con su marimba, y junto a ellas, “Chompipín”, Amadeus Nicoya López y tu sobrino Jan Cristóbal Galo Quant. Alzaban los bolillos y vieras con que seguridad golpeaban con fuerza y precisión las teclas de madera de hormigo, y en ningún momento dejaban de bailar, de hablarse, de vivir intensamente ese momento, como si no hubiera nervios que atender y estuvieran en el baño de sus casas y no frente a una multitud. Y cuando bailaron Amadeus y María Alejandra. ¡Qué bárbaros!

Tus muchachos comenzaron con el “Corrido a León”, siguieron con “El Grito del Bolo”, “Sones del Güegüense, y otras. La Danza Nacional Güegüense y el Coro del Zacarías Guerra, hicieron un acompañamiento formidable que diversificó y realzó el espectáculo.

Los chavalos del coro se lucieron cantando y bailando. Cuando la Escuela de Marimbas ejecutó “La cumbia chinandegana”, la gente estaba encandilada. Vi a tantos que comenzaron a moverse en sus asientos, primero con timidez, y luego con desfachatez.

Antes de que surgiera la primera nota musical en el Teatro, te vimos en un video que recoge la historia de la Escuela y sus antecedentes, que fundamentalmente están en vos y tu idea loca de masificar el aprendizaje de la ejecución de la marimba; e igual de loca tu hermana Elizabeth, que después que te fuiste agarró la vara, y le replanteó el asunto a Tomás Alfonso Flores Calero, quien le respondió: “Tun-Tun, pues”, y manos a la obra con la Escuela Flavio Galo. Hombre, ¡qué lástima que te fuiste!, pero aún así, seguís dando frutos.

Seguramente lloraste de emoción al escuchar a tu hermano Carlos Mejía Godoy y el vals que te compuso, de la misma manera como te carcajeaste poco después al oír “El burrito somoteño”, sobre todo la parte en que con todo y Papa Chú, sale disparado detrás de una sensual burrita que lo puso rijioso. Carlos y Los Palacagüina también cantaron “Navidad en Libertad” que vos también cantaste tantas veces en iglesias y barrios de Managua, durante la lucha contra la dictadura somocista.

No es que le quiera echar tierra a la música nicaragüense, te lo aseguro, pero donde más se lucieron tus herederos ejecutantes de la marimba, fue con el repertorio internacional. El “Tico Tico” se presta para este instrumento. El Teatro completo se estremeció con la ovación que arrancó la interpretación de este clásico de la música brasileña.

Las nueve muchachas y los siete muchachos ejecutantes de marimba, junto a los tres de las guitarras –una de ellas tu hermana Elizabeth—y dos percusionistas, le dieron una notoria vitalidad a los villancicos navideños con que se despidieron. “Feliz Navidad”, de José Feliciano, y “Cinco pa´ las doce”, de Néstor Zavarse, nos emocionaron.

Lo último que te voy a decir, Flavio, es que al salir del Teatro, tomé conciencia de que mis recuerdos sobre la ejecución de marimba están en las celebraciones de Santo Domingo, o de un cumpleaños cualquiera, alegrado por marimberos, pero lo que vimos el domingo, hermano, es otra cosa, es otro nivel; en resumen, una dignificación y revalorización de la marimba, una actuación verdaderamente artística.